miércoles, 7 de marzo de 2007

Hasta la vista

Todo empezó el lunes por la noche. Me disponía a poner un CD cuando, al abrir la portezuela del reproductor, ésta, en una suerte de efecto dominó, dio un empujoncito a mis gafas, que se deslizaron hacia el borde de la mesa y se precipitaron sin remedio, atraídas por la fuerza de la gravedad hasta el suelo, donde se rompió el cristal de su lente derecha con gran estrépito. El CD en cuestión, lo digo por si este dato puede ofrecer alguna pista reveladora a la hora de esclarecer el caso, era la "Sinfonía del Nuevo Mundo" de Dvořák. A primera hora de la mañana siguiente me personé sin falta en la óptica, donde me aseguraron que la reparación no estaría terminada antes de cinco días laborables. La dependienta y yo hicimos juntos la cuenta, a saber: miércoles -y yo me pregunté qué habría sido del martes-, jueves, viernes...
-¿Sábado? -me aventuré, en un arrebato de optimismo.
La dependienta negó con la cabeza y una media sonrisa.
-Pero el lunes me voy a Francia, ¿no podrían darse prisa?
Mientras marcaba un número en el teléfono del mostrador, me preguntó si me iba por una semana o si me iba..., me iba.
-Me voy..., me voy -respondí.
Acto seguido habló con alguien al otro lado de la línea que le confirmó que es un trabajo de cinco días y punto. Al colgar quiso saber si contaba con alguna persona que pudiese recogerlas y mandármelas por correo. Asentí.
-Consuélate, bobito -me dijo-, en Francia esto te saldría por un ojo de la cara. ¿En efectivo o con tarjeta?
-Tarjeta.
-Esta foto te hace mayor -opinó con mi DNI en la mano.
Quise decirle que se debía a que me hice la foto en cuestión con las gafas puestas, las que se rompieron el lunes por la noche, y a que había ido a la óptica con mis viejas gafas, que precisamente por eso me hacen más joven, además de darme un considerable dolor de cabeza y hacerme ver el mundo diferente. De hecho, el lunes espero aterrizar en París y en la estación equivocar el tren y no llegar a Saint-Pol, sino a un pueblo donde no se viva en permanente alerta amarilla y los días de huelga nadie acuda a su puesto de trabajo. A lo mejor aterrizaré en otro país o en otro planeta. Hasta la vista.

3 comentarios:

lu dijo...

y pq no la besaste?? ya puestos... ;)

Anónimo dijo...

Tu historia me ha recordado una historia verídica..."los designios de la providencia son inescrutables"...

José S. dijo...

y yo q pensaba q europa empezaba al norte de los pirineos... o quiza, simplemente, yo q creia q existia europa...
un abrazo