<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-9184330781086865972</id><updated>2012-01-25T14:07:27.987Z</updated><title type='text'>Aquí vive gente</title><subtitle type='html'>Zona de obras</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://jotapunto.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9184330781086865972/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://jotapunto.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>jotapunto</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06761732964167918998</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>35</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9184330781086865972.post-1835113271627968558</id><published>2009-08-24T12:33:00.007Z</published><updated>2009-11-04T12:43:44.088Z</updated><title type='text'>El último viaje</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-align: justify;line-height:normal"&gt;&lt;span style="Georgia&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;font-family:&amp;quot;;font-size:12.0pt;"&gt;Alberto llega a la ciudad el mismo día, o puede que un par de días antes, de que se desate la epidemia. Ya durante el vuelo las azafatas les habían dado unos impresos que debían rellenar y firmar: una especie de declaración de salud en la que tenían que indicar de dónde venían, en dónde habían estado en las últimas semanas y si tenían algún tipo de síntoma como tos, fiebre o diarrea, y que entregaron nada más desembarcar a dos tipos con aspecto de becario de facultad de medicina, barbijos y bata blanca. Luego les habían hecho desfilar delante de una cámara que supuestamente registraba la temperatura corporal. Finalmente, pasaron por la aduana y entró en el país, lo que se tradujo de modo simbólico en el franqueo, más turbado que triunfal, de la puerta de la zona de llegadas. Al salir busca la cara de Julia entre la multitud que espera, busca su propio nombre en los cartelitos que muestran los taxistas. En vano. Para hacer tiempo, se decide a cambiar algunos billetes. Mientras aguarda a que la empleada que le atiende al otro lado de la ventanilla termine con el papeleo previo al cambio de moneda, piensa en las posibilidades que tiene de intentar ponerse en contacto con Julia. Se pregunta por qué no le pidió su número de teléfono durante la llamada telefónica de dos días atrás, la noche antes de la partida. Como sólo tiene una dirección, se dice a sí mismo que cogerá un taxi hasta allí. Entonces una mano se posa en su hombro, la mano que lleva al hombro de Julia, a la cara sonriente de Julia. Durante el trayecto en colectivo a la ciudad, Alberto le habla de las doce horas en avión por las que acaba de pasar, en su opinión letales, a las que sobrevivió leyendo, viendo películas y dando alguna que otra cabezada, en cualquier caso negándose a confraternizar con su vecino de asiento, un señor que desde antes del despegue y durante todo el vuelo se había obstinado en ocupar el brazo que compartían del asiento, lo que según Alberto constituía una afrenta difícil de ignorar. Y le cuenta cómo se ha aguantado los accesos de la tos que viene arrastrando desde hace una semana, sobre todo en el momento de pasar el control médico y la aduana, una tos que debió de contagiarle su sobrino de tres años. También le cuenta que su sobrino el otro día fue al zoo de Copenhage con su madre y que al ver a un elefante con una cresta rala había creído identificar a su tío Alberto. A medida que Alberto habla y habla la ciudad va apareciendo al otro lado de las ventanillas del colectivo. A través de la niebla de la mañana se van revelando como el negativo de una película una serie de casas bajas, irregulares, un parque sin pasto, gente que deambula por las cunetas, a lo lejos la torre de una iglesia.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-align: justify;line-height:normal"&gt;&lt;span style="Georgia&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;font-family:&amp;quot;;font-size:12.0pt;"&gt;&lt;o:p&gt; Al principio, Julia y Alberto sólo duermen. Se pasan el día durmiendo, como si hubieran vuelto a casa después de una guerra larga en un lugar lejano. Como veteranos de guerra duermen. Como si tuvieran que pasar el invierno. De hecho, es invierno. El segundo que pasan en lo que va de año. Se despiertan de día o de noche, a veces cocinan algo, se lo comen, o preparan tazas de café que se acaba enfriando sobre la mesilla de noche, o van al baño y se duchan, y vuelven a la cama, follan y se quedan dormidos. Como osos pardos sofisticados. A veces uno de los dos pone la televisión, que se enciende siempre en un canal temático en el que sólo ponen películas. Les da la impresión de que las películas van más rápido o más despacio de lo habitual, o las ponen ya empezadas, o están montadas de forma caótica. En cualquier caso, les cuesta seguir el argumento, e incluso entender cómo actúan y lo que dicen los personajes, que se comportan como si fueran los únicos que supieran lo que va a pasar.&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-align: justify;line-height:normal"&gt;&lt;span style="Georgia&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;font-family:&amp;quot;;font-size:12.0pt;"&gt;&lt;o:p&gt; Un día a Alberto se le rompe el cristal del ojo izquierdo de sus gafas: Alberto le dice a Julia que ese día se siente más flojo que de costumbre, se quita las gafas y estira el brazo hacia la mesilla de noche, pero no llega o calcula mal y suelta las gafas antes de tiempo, que caen al suelo y se oye el inequívoco ruido que produce un cristal al romperse. Es Julia quien las recoge y se las alcanza a Alberto, que en cuanto comprueba que en efecto el cristal se ha roto se lleva ambas manos a la cara. Julia le pide que no llore, le pregunta si cree que podría tratarse de una señal. Para Julia es la primera vez que a Alberto se le rompen las gafas, pero para Alberto ya son demasiadas, tres en lo que va de año. Para Alberto quedarse sin gafas significa la invalidez temporal, equivale a quedarse ciego, lo impregna todo de oscuros presagios, le hace temer, en definitiva, por su vida.&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-align: justify;line-height:normal"&gt;&lt;span style="Georgia&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;font-family:&amp;quot;;font-size:12.0pt;"&gt;&lt;o:p&gt; De camino a la óptica pasan por la farmacia. El farmacéutico lee el periódico apoyado en el mostrador de madera. Lleva un barbijo que parece ocupar todo el espacio de la farmacia aparte del que ocupan ellos mismos. Además del barbijo lleva gafas. Poco más puede decirse de su rostro, o de la impresión que da su rostro, salvo, tal vez, que el barbijo lo rejuvenece, o&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;  &lt;/span&gt;que sencillamente lo haga parecer más animado, más alerta. Le preguntan por pastillas para chupar que alivien el dolor de garganta, le preguntan por un jarabe para la tos, se interesan por algún tipo de gel desinfectante para las manos y van derivando hacia productos que sólo pueden comprarse con receta médica o en la esquina de alguna calle poco transitada, con discreción. Al final compran una tableta de paracetamol. Cuando el farmacéutico le entrega el cambio, Julia le pregunta por la epidemia. Entonces el farmacéutico les habla de conspiraciones gubernamentales, de estrategias siniestras llevadas a cabo por las empresas farmacéuticas, les habla de la torpeza general, de cadenas de acontecimientos inesperados, del azar, les habla de deporte, de historia y de medicina. Cada dos o tres frases se para, suspira, alza las cejas y se les queda mirando fijamente, en silencio, como un cazador de preguntas y gestos de asombro. El paciente cero fue un bebé mexicano en Houston, les dice. En Houston están los mayores laboratorios de investigación viral del mundo. Pero no sólo en Houston tienen un problema. Hace meses que se habla del estallido de la epidemia y nos hemos sentado a esperar que se nos venga encima, les dice. El problema es que en este país todo el mundo se dedica a la improvisación. Aquí sólo preparamos los partidos de fútbol. Antes no, antes había motivos para estar orgullosos. Luego pasó lo que pasó. Y les cuenta que a él durante la dictadura le descerrajaron dos tiros, que estuvo detenido y fue torturado, que ya lo ha visto todo y sabe de lo que habla. Hace ya unos años, les dice, escribí un artículo sobre una enfermedad de la memoria a la que llamé “Enfermedad de Morelli”, lo tengo por aquí, y procede a levantar el periódico y mover algunos papeles sueltos que aparecen debajo. La “Enfermedad de Morelli”, continúa, sería un trastorno de tipo psicogénico, es decir, generado por la propia psique del individuo, que a través de una suspensión voluntaria de la sinapsis eliminaría la posibilidad de almacenar, incluso a corto plazo, el recuerdo de unos acontecimientos concretos, con el objeto de evitar siquiera tener que justificar el propio comportamiento ante dichos acontecimientos. Durante un tiempo, añade, estuve barajando la posibilidad de llamarlo “Mal de Morelli”. Todo esto lo cuenta a media voz, pero no se sabe si lo hace por prudencia, por dar un aire más confidencial a sus palabras o por el efecto amortiguador del barbijo, que además le empaña el cristal de sus gafas a cada rato.&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-align: justify;line-height:normal"&gt;&lt;span style="Georgia&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;font-family:&amp;quot;;font-size:12.0pt;"&gt;&lt;o:p&gt; Una noche Alberto se despierta sobresaltado y le cuenta a Julia lo que acaba de soñar. En el sueño, Alberto es requerido por su madre, aunque no queda muy claro si se trata de su madre o de una profesora francesa, una colega en el instituto en el que dio clases durante un año, en un pueblo no muy lejos de Lille, que curiosamente se llamaba Isabelle, como su madre. Su madre, o la profesora, le pide que averigüe si su marido frecuenta a otra mujer a quien Alberto conoce, si bien hace tiempo que ha borrado o perdido su número de teléfono. Esta coartada le dura unos segundos, ya que su madre, o la profesora francesa, sí tiene el número de teléfono, y acto seguido obliga a Alberto a quedar con la mujer allí mismo, en casa de la profesora que al mismo tiempo podría ser su madre. Lo que sí está claro es que el marido en cuestión es el padre de Alberto. De hecho, Alberto lo ve, o lo imagina con todo lujo de detalles, entrando en el portal del edificio donde vive la mujer. En cualquier caso, la mujer accede a encontrarse con Alberto. Una vez en el salón de la casa de su madre o de la profesora, un salón que recuerda vagamente a los saloncitos impersonales de los apartamentos turísticos de playa, se sienta en un sillón junto al sofá en el que se sienta Alberto. Desde la cocina se oye ruido de platos y cubiertos. La mujer tiene el pelo rubio, casi blanco, muy corto y peinado con la raya a un lado, una mezcla entre Jean Seberg en &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;Al final de la escapada&lt;/i&gt; y Brigitte Nielsen, y tiene los ojos azules, de un azul glacial, se podría decir cruel, pero en cuanto empieza a hablar se comprende que su carácter no es en absoluto cruel, más bien duro, o endurecido, y también tiene unos pechos enormes. Le cuenta que su marido la ha abandonado y que su madre ha muerto recientemente, lo que inhibe a Alberto de persistir en su investigación, no así de mantener unas tibias expectativas sexuales.&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-align: justify;line-height:normal"&gt;&lt;span style="Georgia&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;font-family:&amp;quot;;font-size:12.0pt;"&gt;Entonces Alberto se despierta. Como era de esperar, tiene una erección. Le cuenta su sueño a Julia, que también acaba de despertarse y respira pesadamente a su lado en la penumbra del cuarto. En un primer momento, Alberto está convencido de haber soñado antes de esa noche con esa mujer. Ante la perspectiva de haber inventado un personaje que frecuenta sus sueños, le dice a Julia que podría ser lo más parecido a un fantasma que habría en su vida, aunque esto no es exacto. Y entonces recuerda en voz alta su año en Francia, como profesor de español en un pueblecito en Nord Pas de Calais, y el cuarto que le asignaron en la residencia del instituto, en la que pasó solo, se diría que aislado, cada fin de semana de aquel largo invierno cerca del Mar del Norte, prácticamente sobre las sepultadas trincheras del Somme, y así vuelve a quedarse poco a poco dormido, algo después que Julia.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-align: justify;line-height:normal"&gt;&lt;span style="Georgia&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;font-family:&amp;quot;;font-size:12.0pt;"&gt;&lt;o:p&gt; A lo largo de la mañana del día siguiente, contra todo pronóstico para sí mismo, sobre todo porque en el fondo, o no tan en el fondo, le parece un asunto poco interesante, sigue pensando en el sueño, en su año en Francia y en los fantasmas. Por la tarde se siente enfermo, afiebrado, le arden los párpados, le duelen las articulaciones. Desde el principio, la amenaza de la epidemia planea sobre ellos como un buitre, da vueltas alrededor del lecho sobre el que yace Alberto como un pingüino de Magallanes, pero ninguno de los dos comenta nada al respecto. A cada uno de ellos por separado le sorprende, eso sí, no estar muy informados sobre la enfermedad, sobre sus síntomas, su evolución o el tratamiento, en caso de que existan tales cosas. En todo momento Julia permanece junto a Alberto, le prepara infusiones, le trae paracetamoles, en ocasiones incluso se acuesta a su lado. Cuando sale del cuarto para ir a la cocina o para bajar a la farmacia, toma la precaución de lavarse a conciencia las manos y la cara con jabón, tal y como han venido recomendando en los periódicos, la radio, la televisión, por mensaje de texto, en las pantallas electrónicas del metro y de las estaciones de tren.&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-align: justify;line-height:normal"&gt;&lt;span style="Georgia&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;font-family:&amp;quot;;font-size:12.0pt;"&gt;Cuando sale a la calle el frío invierno austral la reconforta. Como la farmacia está cerrada sigue de largo, casi despreocupada, por momentos casi contenta. Es un día soleado, frío sol de invierno. En algún momento entra en un parque en el que no ha estado antes y cuyo nombre ignora. A la entrada del parque hay un monumento que conmemora al militar fundador de la ciudad. La luz dorada de la tarde se filtra por entre las ramas peladas de los árboles a la vera del camino de tierra. En un cruce toma la desviación de la derecha, abandona el camino y baja una pendiente cubierta de césped.&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;  &lt;/span&gt;Poco antes de alcanzar la acera se sienta y espera hasta que el sol se oculta tras un edificio. Se pone en pie y sale del parque y entra en una calle en la que no habría entrado sin sentir una punzada de inquietud de no ser porque desde que salió no se ha cruzado con nadie, y realmente no espera hacerlo. Realmente ya no espera nada, sólo le parece que los edificios son algo más altos que antes, y más grises o más apagados que antes, aunque es muy posible que se deba a la noche, que va cayendo sobre la ciudad, se dice a sí misma, si bien por otro lado es como si hubiera menguado, o como si hubiera vuelto a la infancia y sólo tuviera el punto de referencia de las cosas tal como fueron durante la vida adulta, de modo que ahora sólo tendría que esperar un poco más hasta volver a ser semilla, barro o nada.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9184330781086865972-1835113271627968558?l=jotapunto.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://jotapunto.blogspot.com/feeds/1835113271627968558/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9184330781086865972&amp;postID=1835113271627968558&amp;isPopup=true' title='51 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9184330781086865972/posts/default/1835113271627968558'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9184330781086865972/posts/default/1835113271627968558'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://jotapunto.blogspot.com/2009/08/el-tercer-viaje_24.html' title='El último viaje'/><author><name>jotapunto</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06761732964167918998</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>51</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9184330781086865972.post-8251010258766703849</id><published>2009-03-16T02:17:00.008Z</published><updated>2009-03-28T12:27:48.853Z</updated><title type='text'>Soliloquio del vagabundo</title><content type='html'>Iba para escritor o algo.&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En cualquier caso, tenía un plan, bueno o malo. También había un lugar y una mujer, pero el lugar no era este y la mujer ha desaparecido.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Llegué hace tiempo. Llegué para intentar hablar con ella, o al menos para verla por última vez. Llegué de noche, hacía frío. El aeropuerto estaba vacío, todo estaba cerrado menos la puerta por la que salí a la estación de trenes. Esperé un tren que me llevó al centro. Allí conseguí una habitación de hotel, me duché y me acosté. Por descontado, no dormí.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;A la mañana siguiente salí y caminé diez minutos hasta su casa. No podía respirar. No sé por qué no toqué a la puerta. Tal vez porque sabía que estaría abierta. Entré en el pequeño recibidor y sin quitarme los zapatos irrumpí en su cuarto. Estaba vacío. La ventana estaba abierta. Hacía frío. Pensé que me iba a explotar la cabeza. También pensé que era el final y que lo que se acababa era algo que yo no había sabido identificar en su momento y que precisamente por eso no podría hacerlo volver. No sé cuánto tiempo pasé allí, en aquel cuarto vacío.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Al final salí a la calle. Nevaba.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Entré en el primer bar que encontré y tomé una copa, luego en otro bar, en un restaurante chino y finalmente en una pizzería libanesa, hasta que me emborraché y volví al hotel. Me echaron del hotel. Estuve deambulando por la ciudad. Me quedé dormido en un portal. Me despertó un portazo. Al cabo de un rato me di cuenta de que me habían robado la cartera. Hacía mucho frío, nevaba. Me perdí. Aparecí en medio de un barrio de casa bajas. Luego aparecí en mitad de un bosque. Olía a ajo. La primavera había llegado sin darme cuenta. Dormí a la sombra de los árboles hasta que empezaron a picarme los mosquitos. Tuve que huir. Corrí por una calle interminable detrás de los coches de policía. Me detuvieron. Me soltaron. Me lavé los pies en las fuentes. Me lavé las manos y la cara. Un día me lavé también el culo. Me detuvieron. Me soltaron. Alguna vez viajé en tranvía, una señora me dio una moneda pero no se sentó a mi lado. No me importó. Empecé a frecuentar ciertos lugares. Empezaron a llamarme "el español loco" (&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: italic;"&gt;Der verrückte Spanokel&lt;/span&gt;, decían), cosa que para mí no tenía ningún sentido, pero me hacía gracia. Empecé a frecuentar el comedor de Sabine. Me gustaba estar allí. Tenía unos amplios ventanales y en las paredes habían pintado fachadas de casas bajas, austeras, con balcones, con un toldo, un escenario y banderines, como de pueblo italiano en fiestas. Allí hacía calor en invierno. Había sombra en verano. Allí la comida era buena todo el año. Los baños estaban limpios, sobre todo los lunes y los viernes. Trataban bien a la gente. No como esos hijos de puta que se mean en la barra de los bares. No como las odiosas mujeres que limpian en las casas. No como la mirada asesina de las madres de familia. No como el viento afilado de las calles que van a dar en el canal en las noches de invierno.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Una tarde Sabine se sentó a la mesa, en la silla vacía frente a mí. Me sonrió. Me dijo algo que, como de costumbre, no comprendí. Imaginé que me preguntaba si me gustaban los platos que me hacía la abuela. Imaginé que pretendía ser mi abuela. Asentí y seguí comiendo. Me sonrió de nuevo. Noté que alguien ocupaba la silla vacía a mi lado. Oí que alguien me hablaba en mi lengua.  Una voz dulce de mujer. Cerré los ojos.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Me preguntó qué tal estaba. Me explicó que Sabine llevaba un tiempo deseando hablar conmigo, que ella había venido para hacer un reportaje y, como también estaba estudiando español, le había pedido ejercer de intérprete. Me vi bajando por una avenida a las calles del centro, y luego perdido en un laberinto con la mano ardiendo. Me preguntó mi nombre, me dijo el suyo. Me vi en el mar, sumergido. Un banco de peces giraba a mi alrededor. Me seguía hacia el fondo. Tu cara me suena, me dijo. También me vi caminando por un bosque nevado. Se oían gritos a lo lejos. Risas se oían. Su voz era un susurro. Me preguntó si conocía Salamanca. Si conocía Canarias. Me vi bajando a un lago helado. Tenía miedo, pero al mismo tiempo confiaba. Me preguntó otras cosas, me contó que estaba a punto de irse a Buenos Aires un tiempo, y luego a Cuba. Me vi en un cuarto. En alguna parte había una estufa en la que se quemaba un cepillo de dientes. También había estanterías, una mesa, una silla, un sofá, una butaca, una mesilla. Había un armario. Había un tocador. Todo era de madera oscura. También había una cama que era como un altar. A un lado había una pequeña ventana secreta. Una ventana sin estrellas. Al otro lado de la ventana  se veía la estructura ósea de un andamio y más allá una oscuridad total. Tenía miedo, pero me acerqué y abrí la ventana. La contraventana abrí. Un viento frío me golpeó la cara, me dejó sin aliento. Era la hora. Había que irse, pero yo sólo quería quedarme un minuto más.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9184330781086865972-8251010258766703849?l=jotapunto.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://jotapunto.blogspot.com/feeds/8251010258766703849/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9184330781086865972&amp;postID=8251010258766703849&amp;isPopup=true' title='9 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9184330781086865972/posts/default/8251010258766703849'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9184330781086865972/posts/default/8251010258766703849'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://jotapunto.blogspot.com/2009/03/soliloquio-del-vagabundo.html' title='Soliloquio del vagabundo'/><author><name>jotapunto</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06761732964167918998</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>9</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9184330781086865972.post-6697213364471489039</id><published>2009-03-14T15:55:00.002Z</published><updated>2009-03-14T15:57:11.177Z</updated><title type='text'>El tiempo en Leipzig</title><content type='html'>Temperatura máxima, ocho grados.&lt;div&gt;Mínima, cuatro.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Y en la punta de mis dedos.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9184330781086865972-6697213364471489039?l=jotapunto.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://jotapunto.blogspot.com/feeds/6697213364471489039/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9184330781086865972&amp;postID=6697213364471489039&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9184330781086865972/posts/default/6697213364471489039'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9184330781086865972/posts/default/6697213364471489039'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://jotapunto.blogspot.com/2009/03/el-tiempo-en-leipzig.html' title='El tiempo en Leipzig'/><author><name>jotapunto</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06761732964167918998</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9184330781086865972.post-1673094863372695869</id><published>2009-01-11T04:55:00.007Z</published><updated>2009-01-11T19:59:23.952Z</updated><title type='text'>Cine sordo</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Empezamos a hacer cine sordo a finales del año pasado con la cámara de Miguel. Éramos Marta O'Hara, Manolo, el propio Miguel y yo. La idea fue un poco de todos: deshacer el camino recorrido por el cine para explorar todas las posibilidades que se habían ido descartando. Cine sordo porque O'Hara nos explicó que el cine nunca había sido mudo, ya que los actores podían hablar, y de hecho lo hacían, pero su voz no podía grabarse (no podía ser oída), lo que obligaba a potenciar la escenografía, el lenguaje corporal y los gestos (del mismo modo en que las personas que son sordas pueden hablar pero, al no oírse, no pueden aprender a modular su tono de voz). O'Hara estudiaba interpretación del lenguaje de signos. Cine sordo, por lo tanto, y a todo color.&lt;br /&gt;Hicimos dos películas, rodadas sin permiso en exteriores como el casco antiguo de la ciudad, o los alrededores de una finca que tenían unos tíos de Miguel en el campo. La primera quería ser un homenaje a las películas de zombis de Romero. En la segunda nos propusimos ir sobre seguro y apostamos por algo que ya había aparecido en la primera: una cierta inclinación por el cine expresionista alemán. Para ello construimos un decorado de cartón piedra en el que abundaban los pasillos angostos, los tejados oblicuos y las escaleras absurdas.&lt;br /&gt;Para la tercera película decidimos quemar todas las naves. Una película sobre nuestros recuerdos, o al menos sobre una selección de nuestros recuerdos. Nos reunimos durante un fin de semana en la casa de campo de los tíos de Miguel e intentamos una lluvia de ideas que mojamos en ron. Llegamos el viernes por la tarde, y esa misma noche, sentados alrededor de una mesa redonda de madera en el salón, los vasos vacíos y los ceniceros llenos, Manolo evocó un día en clase de literatura, en el instituto. La profesora leyó un fragmento de un relato de Graham Greene y pidió una interpretación de lo que allí se contaba, algo sobre unos titulares de periódico y unos rumores que hablaban de un robo o un incendio en casa de un viejo. Alguien levantó la mano y dijo algo que ponía en evidencia que no lo había leído. La profesora recurrió al sarcasmo para reprocharle su estupidez y preguntó al compañero que estaba sentado a la izquierda de Manolo (un tal Domingo, aunque no estoy seguro, dijo Manolo) y este hizo un comentario muy acertado, algo sobre la ironía de representar la destrucción del mundo a muy pequeña escala para comprobar qué podría pasar si se intentaba cambiar las cosas. Durante unos segundos, según Manolo, se creó ese silencio puro de reflexión y reconocimiento colectivos. Entonces oyeron que había entrado alguien en el aula. Oyeron la puerta abrirse y luego cerrarse, y algo así como un ligero viento que traía el olor inconfundible de los pasillos y las aulas, y también otro olor, un olor vago a mediodía en cualquier otra parte. Todos se giraron y se encontraron con una desconocida clavada en mitad del pasillo que se abría entre los pupitres después de la puerta. La profesora, algo molesta, le preguntó en qué podía ayudarla y ella explicó que acababa de matricularse y preguntó dónde podía sentarse. La profesora la invitó a sentarse al lado del chico que le pareciera más guapo. La profesora era así, dijo Manolo, encogiéndose de hombros y arqueando las cejas, y explicó que incluso se había puesto nervioso, porque la nueva era bastante guapa. Ella había mirado a Tomás y a Elisa, a Benjamín y a Rosa, y finalmente había detenido la vista, pero apenas un segundo, en Domingo, que era el único de toda la clase que en ese momento acababa de girarse para mirar a la nueva. Acto seguido la profesora le pidió a Rosa, sentada a la izquierda de Domingo, que le cediese su asiento a la nueva, y a todos, Manolo ahora sí estaba seguro, les pareció bien. A nosotros también, pero O'Hara no tardó en preguntarse, en preguntarnos, algo que ya rondaba en la cabeza de todos: cómo podría rodarse una escena así según las convenciones del cine sordo. Porque una cosa era poner a unos zombis a tambalearse detrás de una chica aterrada al ritmo de la música pop que había compuesto Manolo para la ocasión (e interpretado con una pequeña ayuda de su grupo, Los Cerdos Catódicos), y otra muy distinta montar una escena en la que hubiera una cita literaria y los diálogos, en definitiva, tuvieran tanto peso. Al cabo de un rato vimos que era posible: la profesora sentada sobre su mesa con un libro en una mano, la otra mano enfatizando la lectura, la profesora deja de leer, se levanta y se pasea de un lado a otro del aula, una mano alzada pide su turno, una alumna interviene, la profesora endurece la mirada y dice algo, los compañeros alrededor de la alumna, en primer plano, visiblemente avergonzada, se burlan, y así hasta completar la escena. Seguimos bebiendo, fumando, hablando.&lt;br /&gt;Amanecía cuando Miguel nos habló de un viaje a India con sus dos hermanos un año después de la muerte de su padre, después de un año sin verse. Según Miguel, el viaje había sido idea de su hermano mayor, Paco, que los había convocado en una estación de trenes en lo que debía ser el punto de partida de un reencuentro fraterno. Una noche, en el compartimento, Paco se le acercó y le recriminó que estuviera afeitándose con la hojilla de su padre, ya que no le pertenecían exclusivamente a él ni la hojilla ni el padre, y añadió que el hermano pequeño, Jacobo, que en aquel momento se pasaba la maquinilla por los alrededores de su bigote, mirándose al espejo por encima del hombro de Miguel, pensaba lo mismo, cosa que Jacobo negó de inmediato. La discusión fue caldeándose, Miguel lanzó el cinturón del padre a la cara de Paco y llegaron a las manos. En ese momento, Jacobo decidió hacer uso de una pistola de gas pimienta que había comprado poco antes en un mercado, rociando a sus hermanos en la cara cuando ambos forcejeaban en el suelo. Miguel nos preguntó si alguna vez habíamos tenido una experiencia con gas pimienta, y entonces les dije que sí, que en Argel una tarde mi compañera de piso, mientras aparcábamos el coche, me había hablado del &lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: italic; "&gt;spray&lt;/span&gt; de gas pimienta que solía llevar en el bolso, me lo había enseñado y, una vez en mis manos, sin darle muchas vueltas, sólo por curiosidad, yo había liberado una breve nube de polvo, nada o casi nada, pero lo suficiente como para obligarnos a salir del coche completamente cegados, a tientas, y a dejar las tres puertas abiertas hasta que nos aseguramos de que el gas pimienta se había esfumado, una media hora más tarde. Reímos. Entre todos decidimos que en la película, después de que el hermano pequeño rociara a sus hermanos mayores con gas pimienta, hubiera una persecución a lo largo del tren hasta que Jacobo se diese de bruces contra la puerta de cristal del vagón restaurante, rompiéndola en mil pedazos. Nos parecía una escena digna del mejor Buster Keaton. Nos fuimos a dormir.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Me despertó un ruido ligero en el salón, una luz tenue. Me levanté y encontré a O'Hara sentada en el sofá, un sofá de cuero marrón claro, fumando a solas, mirando el humo que se concentraba en el techo. Al otro lado de las ventanas anochecía. Hacía frío o al menos me lo parecía. Me miró y sonrió, toda dientes. O'Hara casi siempre parecía tener once años. Se lo dije. Me senté en una butaca a juego con el sofá, frente a ella. Se encogió de hombros y dio una calada.&lt;br /&gt;-Me acuerdo que de chica me gustaba estar todo el día en casa comiendo cotufas y haciendo cofeti para tirarlo a la menor oportunidad, en cualquier parte. Una mañana me llovieron cereales de colores y fui feliz. Siempre he pensado que ese podría ser el principio de mi película favorita -dijo, y echó una bocanada de humo-. La película de mi vida...&lt;br /&gt;La hubiera abrazado de no ser porque en ese momento una llave hizo girar la cerradura y entraron en la casa dos tipos que en un principio se sorprendieron de encontrarnos. Uno de ellos se presentó como el tío de Miguel, el otro como su padre. En ese momento sentí que O'Hara y yo nos desdibujábamos, como en aquella película en que el protagonista viajaba en el tiempo hacia el pasado e interfería en el flechazo entre sus padres, y en la foto que llevaba consigo, en la que posaba con sus hermanos, las figuras poco a poco se iban difuminando hasta desaparecer.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9184330781086865972-1673094863372695869?l=jotapunto.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://jotapunto.blogspot.com/feeds/1673094863372695869/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9184330781086865972&amp;postID=1673094863372695869&amp;isPopup=true' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9184330781086865972/posts/default/1673094863372695869'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9184330781086865972/posts/default/1673094863372695869'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://jotapunto.blogspot.com/2009/01/cine-sordo_11.html' title='Cine sordo'/><author><name>jotapunto</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06761732964167918998</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9184330781086865972.post-322934607602300114</id><published>2008-10-12T16:00:00.056Z</published><updated>2008-10-20T10:19:30.691Z</updated><title type='text'>Mikado</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_LL7kx5rzLfM/SPJmji3-rtI/AAAAAAAAAK8/2Akk5OcxLUw/s1600-h/Mikado.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5256376475937844946" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_LL7kx5rzLfM/SPJmji3-rtI/AAAAAAAAAK8/2Akk5OcxLUw/s200/Mikado.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Al echar la pasta en el caldero, algunos espaguetis se sueltan como hebras y caen al suelo. Eso piensa: se deshilachan como la costura de la manga de una camiseta algo raída.&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Al recoger los espaguetis del suelo es como volver a jugar al mikado. Se acuerda, para ser exactos, de la única vez que ha jugado, en el salón de la casa de una amiga. La amiga se había ido de viaje y le había encomendado el cuidado de su bóxer. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Fue un exceso de confianza por parte de su amiga y de él mismo. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;La primera vez que lo sacó hubo un "pequeño incidente" (así lo consideró después de un rato, con cierta perspectiva) y decidió que no volvería a hacerlo solo. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Para asegurarse, llamó a Paula, y la llamó en parte porque necesitaba verla y pensó que era una excusa tan buena como cualquier otra, en parte también porque era la única persona, además de la amiga ausente, con quien había sacado a un perro en su vida.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Paula envió un mensaje a la una de la madrugada, una media hora después de que él hubiera perdido toda esperanza o se hubiera quedado dormido en una postura incómoda (la cabeza apoyada en el brazo del sofá, un brazo atrapado entre su costado y el sofá, las piernas apoyadas una sobre otra en una mesita baja con la superficie de cristal que había frente al sofá).&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;En el mensaje podía leerse: Puedo tirar piedras a tu ventana?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Se asomó y la vio, tres pisos más abajo, mirando hacia arriba. Le pareció que era todo ojos y sintió un escalofrío. Ella sonrió.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Descolgó el auricular del telefonillo, lo posó sobre su hombro y pulsó el único botón, junto al que aparecía representada en relieve una llave. Se oyó un zumbido eléctrico, el chasquido del pestillo y un portazo. Luego, silencio. Un silencio extraño, como si todavía estuviera soñando y fuera a despertarse de un momento a otro, o como si Paula, en lugar de estar subiendo por las escaleras, subiera volando como una nube de humo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Abrió la puerta con cuidado y la encontró al otro lado, sonriendo. El bóxer empezó a ladrar.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;La invitó a pasar, le preguntó si quería tomar algo. Una cerveza, dijo ella. Abrió la nevera y sacó dos. Se sentaron en unos taburetes altos que había alrededor de una especie de barra y brindaron.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-¿Y bien?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Necesito que me ayudes a sacar al perro.&lt;br /&gt;-¿No puedes solo? -dijo, abriendo mucho los ojos, sin dejar de sonreír.&lt;br /&gt;-No, ya lo intenté esta tarde y tuve un pequeño incidente.&lt;br /&gt;-¿Qué pasó?&lt;br /&gt;Le contó que habían ido al parque que hay justo al lado de la Fuente Luminosa y le había quitado la correa. A pesar de que en cuanto lo soltó sospechó lo que iba a pasar, no se dio realmente cuenta hasta que el animal se encontraba a unos cien metros, empezó a llamarlo y no se detuvo. Sintió que algo se movía, se soltaba o se desencajaba en su interior, y él también echó a correr detrás del perro. El perro acababa de desaparecer detrás de un edificio cuando se oyó una pita y un frenazo. Temió lo peor. Al doblar la esquina, se encontró con una escena que se fijó de inmediato en su memoria: un coche detenido con los faros encendidos, dentro del coche dos mujeres y frente al coche el perro, erguido sobre sus cuatro patas, sobre un paso de peatones, mirando el coche. Se acercó y le puso la correa sin que opusiera resistencia. Volvieron caminando a casa. Él se alegraba de que el animal estuviera sano y salvo, sentía que se le aflojaban todos los músculos y recuperaba poco a poco la firmeza de sus pasos. El perro se dedicaba a pararse y a olisquear todos los rincones. Por primera vez se dio cuenta (pero tal vez no lo había pensado antes, dijo) de que no le molestaban ni su indiferencia ni los tirones que daba a la correa.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Está bien, te ayudaré.&lt;br /&gt;Terminaron las cervezas y sacaron al perro. El perro y Paula se hicieron amigos o algo parecido. En la calle el viento agitaba las hojas de las palmeras y casi podía notarse que iba a llover de un momento a otro.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;De vuelta en la casa jugaron al mikado, desnudos sobre la alfombra, después de follar. Paula le dijo que debía de ser turca, que sus padres habían traído una igual de Estambul. Entonces el agua vuelve a hervir y él todavía no logra comprender dónde se han metido los palitos con tres aros rojos, y alguien le habla desde el salón, otro salón en otro país, y pregunta irónicamente &lt;em&gt;se non sarebbe mica possibile mangiare prima di domani&lt;/em&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9184330781086865972-322934607602300114?l=jotapunto.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://jotapunto.blogspot.com/feeds/322934607602300114/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9184330781086865972&amp;postID=322934607602300114&amp;isPopup=true' title='11 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9184330781086865972/posts/default/322934607602300114'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9184330781086865972/posts/default/322934607602300114'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://jotapunto.blogspot.com/2008/10/mikado.html' title='Mikado'/><author><name>jotapunto</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06761732964167918998</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_LL7kx5rzLfM/SPJmji3-rtI/AAAAAAAAAK8/2Akk5OcxLUw/s72-c/Mikado.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>11</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9184330781086865972.post-1852128229812175740</id><published>2008-10-05T12:13:00.012Z</published><updated>2008-10-12T19:53:06.486Z</updated><title type='text'>Personificación</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;En el eterno último segundo antes de la colisión, un rumor casi unánime recorre sótanos y azoteas, palacios y chabolas.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-¡¡¡Meteorito hijo de put...&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9184330781086865972-1852128229812175740?l=jotapunto.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://jotapunto.blogspot.com/feeds/1852128229812175740/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9184330781086865972&amp;postID=1852128229812175740&amp;isPopup=true' title='8 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9184330781086865972/posts/default/1852128229812175740'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9184330781086865972/posts/default/1852128229812175740'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://jotapunto.blogspot.com/2008/10/personificacin.html' title='Personificación'/><author><name>jotapunto</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06761732964167918998</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9184330781086865972.post-1916935336149549142</id><published>2008-08-29T16:19:00.019Z</published><updated>2008-09-17T18:34:41.395Z</updated><title type='text'>La pesca</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Pasa las noches en vela mirando a los ojos de la foto de aquel pasaporte de superficie áspera y ondulada, sin saber muy bien por qué lo hace. En ocasiones quiere preguntarle algo, pero no sabe qué, así que se limita a sostenerle la mirada hasta que ya no puede más y se va quedando dormido, si hay suerte, mucho antes de que comience a clarear el cielo al otro lado de la ventana. Entonces su madre le despierta.&lt;br /&gt;-Salvador.&lt;br /&gt;Ese día, y el siguiente, hay que volver a hacerse a la mar. Y al siguiente también hay que desayunar fuerte de madrugada, volver a bajar hasta la playa, encogido, mientras los perros del pueblo le ladran al paso, y en la playa seguramente le estarán ya esperando Paco y Lorenzo. En silencio suben las redes, arrastran la falúa hasta la orilla y se embarcan. Y así día tras día, de generación en generación.&lt;br /&gt;Salvador ve alejarse a golpe de remo las casas blancas del pueblo, el viejo fortín de piedra y la torre del campanario de la iglesia, las ve desaparecer al bordear la costa de ese rincón de la isla. En vano intenta recordar la última vez que se fijó, de modo que se le ocurre que podría tratarse de la primera.&lt;br /&gt;Reman unas dos horas. A medio camino se hace de día. Durante un buen rato una ruidosa nube de gaviotas sobrevuela la embarcación. Fondean no demasiado lejos de una playa desierta y calan las redes antes de que el sol asome sobre los acantilados. A media mañana toman unas cervezas bien frías. Empieza a hacer calor.&lt;br /&gt;-A ver si hoy hay suerte -murmura Lorenzo sin apartar la vista del mar.&lt;br /&gt;-A ver, a ver -dice Paco.&lt;br /&gt;Sopla una brisa mansa. La marea está en calma, tanto que se puede ver bien el fondo, oscuro con algún claro de arena entre las rocas. La falúa se balancea suavemente y se oye el chasquido del agua al lamer la madera del casco. Las boyas blancas que marcan la posición de las redes respingan sobre la superficie, y a Salvador le recuerdan a las cabezas de los turistas que recorren cada verano la playa del pueblo de un lado a otro, nadando a braza con esos relucientes gorros de silicona encasquetados.&lt;br /&gt;-Y a ti qué, ¿ya no te gusta la cerveza, compadre? -pregunta Lorenzo, levantando la cabeza hacia Salvador, sonriendo. El gesto subraya las profundas arrugas sobre su rostro curtido, bronceado. Se burla. De algún modo, la burla es síntoma de preocupación y eso es algo de lo que todos a bordo se dan cuenta enseguida. Una preocupación muy tenue, en todo caso, por sí mismo, y tal vez incluso algo parecido a los remordimientos.&lt;br /&gt;-El otro día estuve hablando a la salida de la playa con el sargento -dice Lorenzo-. Quiso saber si había vuelto a pasar, y me dijo que había hablado con los otros, con Rafael y Víctor y los otros, y que cada vez pasa menos, que no nos preocupemos, que un día será como si no hubiera pasado nada.&lt;br /&gt;Paco asiente con la cabeza mientras enciende un cigarrillo. Con el sol cayendo a plomo sobre ellos, se hace la hora de recoger la red. Salvador gobierna la embarcación con los remos, Paco y Lorenzo se ponen manos a la obra. Manos de dedos gruesos, duras pero ligeras, cubiertas de cicatrices, que van levando las redes y amontonándolas sobre la cubierta. Las mismas redes que ahora vuelven salpicadas de pescados de vivos colores: pescados rojos, plateados, verdosos y azulados que aletean en un último intento desesperado por zafarse. Un mosaico deslumbrante en el que abundan las viejas, pero también bastantes brecas, algún rascacio, un pulpo, dos o tres estrellas, muchos gueldes y fulas blancas y negras. Es una buena captura y lo saben, por más que no puedan aprovechar hasta el último pescado: siempre los hay mordidos por otros peces, o estropeados, o que sencillamente no se venden.&lt;br /&gt;Poco antes de terminar la faena aparece enredado un pie humano, hinchado, en el que es posible reconocer aquí y allá pequeños bocados de pez. El tobillo asoma por entre los jirones de piel. Salvador considera para sí que podría pertenecer a alguno de los cuerpos, cada vez menos enteros, que llevan semanas recogiendo entre sus redes y devolviendo de inmediato al mar. Puede que incluso sea del muchacho paquistaní cuyo pasaporte encontró en la orilla de la playa hace unos días. En el fondo, podría ser el pie de cualquiera. Paco lo desenreda y lo arroja de nuevo al mar. Esta vez Lorenzo no dice, por ejemplo, que es mejor así, que hay que comer. Nadie dice nada. En silencio terminan el virado y vuelven a tierra, y desembarcan la pesca.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_LL7kx5rzLfM/SLsD7xaaXQI/AAAAAAAAAKE/tV6wsyXbhfY/s1600-h/La_pesca.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5240786916786986242" style="CURSOR: hand" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_LL7kx5rzLfM/SLsD7xaaXQI/AAAAAAAAAKE/tV6wsyXbhfY/s320/La_pesca.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;También en &lt;a href="http://nu2.es/"&gt;http://nu2.es/&lt;/a&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9184330781086865972-1916935336149549142?l=jotapunto.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://jotapunto.blogspot.com/feeds/1916935336149549142/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9184330781086865972&amp;postID=1916935336149549142&amp;isPopup=true' title='7 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9184330781086865972/posts/default/1916935336149549142'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9184330781086865972/posts/default/1916935336149549142'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://jotapunto.blogspot.com/2008/08/la-pesca.html' title='La pesca'/><author><name>jotapunto</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06761732964167918998</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_LL7kx5rzLfM/SLsD7xaaXQI/AAAAAAAAAKE/tV6wsyXbhfY/s72-c/La_pesca.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9184330781086865972.post-713423926912745728</id><published>2008-08-04T00:15:00.026Z</published><updated>2009-12-18T08:39:36.749Z</updated><title type='text'>Olímpicos</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Mi familia era un matriarcado. Éramos como una manada de elefantes absurdos vagando desorientada por una zona reservada de la sabana. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Por ejemplo, se procedía a asimilar a la pareja de aquel miembro de la familia, hombre o mujer (pero sobre todo mujer, por mayoría de nacimientos) que se casaba o, con el tiempo y los cambios sociales, mantenía una relación pecaminosa pero estable. Y su pareja, en justa contrapartida, debía mantener a su propia familia en un segundo o un tercer plano (a decir verdad, cuanto más lejos, mejor). Dicha asimilación se cumplía de muy diversas maneras: algunas voluntarias e inmediatas, otras más solapadas, pero todas definitivas. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Por ejemplo, las mujeres entraban en mi familia en calidad de hermanas, sobrinas y nietas, y los hombres quedaban relegados a un extraño limbo. Sólo se esperaba de ellos descendencia y una rendición incondicional a la unidad de destino de la familia.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Mi padre, sin embargo, no tenía familia cuando conoció a mi madre, por lo que no debió de haber renuncia. Tampoco asimilación, lo que quizá produjo un vacío de poder que, a su vez, convirtió a mi padre en algo así como uno de esos atletas olímpicos solitarios de algún país remoto que desfilan el día de la ceremonia de apertura detrás del abanderado con la serena dignidad del que no tiene nada que perder, consciente de sus posibilidades para sorprender a todos, incluso a sí mismo. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;De hecho, mi padre guardaba una medalla de bronce que había ganado remando en los juegos de Los Ángeles, antes de la guerra. Mi madre dice que después de la guerra se convirtió en un hombre pacífico y reservado. Yo creo que siempre fue así, o al menos así es como lo recuerdo. En los abundantes saraos familiares, necesarios para robustecer la estructura familiar, lo recuerdo sentado en un rincón, ensimismado, mirando a su alrededor, pero mirando a través de las cosas, amable cuando alguien se sentaba a su lado y le hablaba, pero lo justo. La abuela solía referirse a él como al "olímpico", con un desdén que no ocultaba una mezcla de satisfacción e inquietud.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;(Una aclaración del todo innecesaria: esto lo sé ahora que lo pienso, ahora que ha pasado el tiempo y puedo interpretar cuanto sucedía a mi alrededor con una cierta perspectiva que, me doy cuenta, por momentos resulta, como mínimo, poco imparcial.)&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Casi puedo verle: sentado en una esquina, atusándose la barba, sonreía distraído a la pantalla del televisor desde la que podía verse una retrasmisión deportiva, un partido de fútbol o de tenis. Alrededor del aparato, en semicírculo, se había congregado buena parte de los hombres que pasaban sus días sumidos en el limbo: había maridos y novios, cuñados, yernos y algún tío político. Mi padre me saludaba levantando las cejas cada vez que me acercaba a servirme a toda prisa otro vaso de refresco para volver disparado al jardín del bungaló donde se celebraba el cumpleaños de una de mis primas. Habían montado una piscina hinchable en la que no parábamos de entrar y salir. Era agosto, hace ya veinte años. Hacía calor, un calor limpio, amable. El cielo estaba despejado o jaspeado por algunos jirones blancos de nubes. En alguna parte había incluso una playa. Jugábamos a "Un, dos, tres, caravana es" y me había quedado convertido en estatua en una posición difícil de mantener, con un pie en el aire o inclinado hacia adelante, no me acuerdo, como un fotograma de película o una viñeta de cómic. Recuerdo que me sentía orgulloso de mi equilibrio, de ese modo inequívocamente infantil en que se puede estarlo de haber encontrado una piedra lisa en la orilla de la playa, pero mi prima se empeñó en que me había movido y quedaba, por lo tanto, eliminado. No me moví. Mi prima no paraba que gritarme que era un tramposo. Gritaba cada vez más fuerte y se iba poniendo cada vez más roja.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-¡¡¡Tramposooo!!!&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Aunque me había quedado claro y casi toda la familia se había acercado al jardín alertada por los gritos furibundos de mi prima, formando un corro de perplejidad a nuestro alrededor, seguí sin moverme, casi sin pestañear ni respirar. Nadie sabía qué hacer.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-¡¡¡Tramposo!!! ¡¡¡Tramposooo!!! -había empezado a señalarme, a pesar de que era el único niño del jardín que permanecía en una posición ridícula. De entre todas las caras serias de familiares que pude entrever, la de mi padre, al fondo a la izquierda, me pareció la más seria de todas. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Me puse a llorar cuando mi madre me cogió de la mano y tiró de mí con fuerza, pero no la suficiente como para hacerme caer (para lo que fue necesaria cierta ayuda por mi parte, lo confieso). De bruces en el césped sólo se oía un silencio pesado, caliente, un silencio que rompió la risa exagerada de mi prima. No me hubiera importado pasar allí, así, el resto de mi vida. Sin embargo, contra todo pronóstico, me calmé. Me puse en pie y me sacudí las briznas de hierba que se habían quedado pegadas a mis manos y mis rodillas. Crucé el jardín en dirección a las escaleras blancas que llevaban hasta el tejado. Todos se apartaban a mi paso sin dejar de mirarme. Subí sin prisa y me detuve en el antepenúltimo escalón. Me senté. Desde allí se veía la playa, que chispeaba de fulgor estival, obligándome a entornar los ojos. Además, la sombra del último tramo de pared empezaba a caer sobre mí y corría una brisa agradable. Algunas cabezas se quedaron asomadas un rato a la escalera. Después me quedé solo mientras la fiesta volvía en sí, con sus conversaciones, sus risas y su chapoteo, y su música de fondo, y más tarde el "Cumpleaños feliz". Empezaba a anochecer cuando mi madre se acercó para decirme que era hora de volver a casa. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Durante el trayecto en coche mi padre y yo cruzamos algunas miradas a través del espejo retrovisor. Mi madre le preguntaba si se encontraba bien, y al rato hablaban de lo que había que hacer al día siguiente. Con ese murmullo sumado al del motor fui quedándome dormido. Me desperté cuando se abría la puerta del garaje. Nos adentramos en la oscuridad de columnas y rampas sorprendidas por los faros del coche como los canguros de un documental que había visto o que había soñado que veía. Una vez en casa, obligado por mi madre, me lavé la cara, las manos y los dientes a regañadientes. Cuando entré en el cuarto, un destello detuvo mi mano en el interruptor. Me acerqué a la cama a cámara lenta. Sobre la almohada descansaba una medalla en cuyo centro se podían distinguir, en relieve, cinco anillos encadenados como cinco soles de bronce.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9184330781086865972-713423926912745728?l=jotapunto.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://jotapunto.blogspot.com/feeds/713423926912745728/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9184330781086865972&amp;postID=713423926912745728&amp;isPopup=true' title='11 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9184330781086865972/posts/default/713423926912745728'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9184330781086865972/posts/default/713423926912745728'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://jotapunto.blogspot.com/2008/07/olmpico.html' title='Olímpicos'/><author><name>jotapunto</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06761732964167918998</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>11</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9184330781086865972.post-640631759878168519</id><published>2008-05-26T01:55:00.012Z</published><updated>2008-08-02T09:21:06.857Z</updated><title type='text'>La panadera de Saint-Cyprien</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Noémie, la panadera. Era rubia, un ángel rubio. Apareció un buen día al otro lado del mostrador de la Boulangerie Jaune y todo se iluminó. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Siempre me ha gustado la Boulangerie Jaune, sobre todo porque su pan resiste en buen estado un par de días. Un pan que te deja un regusto extraño, artificial, que no es precisamente bueno, pero me gusta. Creo que también me gusta por otros factores que en principio poco o nada tienen que ver con su pan, como el hecho de que se encuentre en la place de L'Estrapade, una plaza íntima en mitad de la ciudad, en mi barrio, Saint-Cyprien. Supongo que esto se explica porque cuando estás lejos de casa te agarras a lo que sea, cualquier familiaridad es un consuelo. &lt;/div&gt;&lt;div style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;El día en que apareció Noémie era gris y oscuro. Amenazaba lluvia, esa lluvia fina y obstinada de principios de noviembre que puede caer durante días sin hacerse más intensa ni escampar. Sin darte un respiro. Eran casi las cinco y era casi de noche. Algo a lo que no consigo acostumbrarme: ese modo inesperado de anochecer en el norte me fulmina. &lt;/div&gt;&lt;div style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;Volvía de la universidad y tenía prisa por llegar a casa, y sin embargo frené frente a la Boulangerie Jaune, bajé de la bici y entré. Sonó la campanilla sobre la puerta. Pasé los pies por la alfombrilla un par de veces y levanté la vista. Allí estaba. Me sonreía desde el fondo del mostrador alargado, junto a la caja. De alguna manera me esperaba o puede que sólo me lo pareciese. &lt;/div&gt;&lt;div style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;Saludé y pedí una barra campesina. Me devolvió el saludo y dijo que lamentablemente no quedaban. A juzgar por la expresión de su cara, lo lamentaba de verdad. Calculé que no tendría más de veinte años. Le pregunté qué podía ofrecerme, con la única condición de que estuviera recién hecho. Llevaba un delantal amarillo sobre un vestido estampado de flores en tonos cálidos que daba una sensación de frescura otoñal. Hizo una ligera genuflexión y con las palmas de la mano hacia arriba señaló dos cestas que había a ambos lados de la caja. Elegí una, de la que tomó una barra que empezó a envolver en papel. Al llegar a mi buhardilla descubrí que se trataba de pan de pasas. Nunca me han gustado las pasas. ¿Acaso importaba? En cualquier caso, es una buena manera de decir que aquel gesto que hizo con las manos acompañado de una reverencia me deslumbró. &lt;/div&gt;&lt;div style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;Mientras la envolvía, con la mirada fija en lo que hacía, se interesó por mi acento, me preguntó de dónde venía. Se lo dije y me presenté. Nos dimos la mano. &lt;/div&gt;&lt;div style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;-En-can-ta-da -dijo, haciendo un esfuerzo por acordarse. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;En la cafetería universitaria un colega quiso saber cuál era mi tipo de mujer ideal, si lo había. Le aseguré que no había un tipo concreto, que a lo largo de mi vida sentimental -por llamarla de algún modo- había tenido relaciones con mujeres de lo más variopintas -o al menos eso me parecía-, que no me creía capaz de encontrar un patrón. Puede que hasta entonces quisiera creerlo o incluso que no hubiera pensado mucho en ello, porque lo cierto es que después de algunas horas dándole vueltas al asunto supe que sí, que en efecto había un tipo de mujer ideal para mí. &lt;/div&gt;&lt;div style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;Mi mujer ideal es como aquella mujer sobre la que escribe Palahniuk en &lt;em&gt;Error humano&lt;/em&gt;, la que se comporta como si la gente debiera vivir para siempre, alguien que me contagie un poco de su fe. Supongo que mi mujer ideal aparece sentada en una parada de guaguas, lleva el pelo recogido en una cola de caballo, hojea un libro de Kafka. A estas alturas supongo que no hace falta añadir que no he leído a Kafka. Lo que quiero decir es que aquel pan de pasas fue seguramente lo más delicioso que había comido en la vida. &lt;/div&gt;&lt;div style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;Por aquellos días mi hermana me llamó por teléfono. Sus llamadas no eran tan frecuentes como las de nuestros padres y puede que precisamente por eso fuesen más celebradas. Por eso y porque las historias que me contaba superaban el costumbrismo a que mis padres me tenían acostumbrado: eran divertidas e ingeniosas, sabía seleccionar las anécdotas más suculentas y articularlas de modo que fuesen efectivas. Me hacía reír y reflexionar. Me conmovía. &lt;/div&gt;&lt;div style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;En aquella ocasión me contó que su hijo, después de pasar un buen rato jugando con una niña algo mayor en un parque, visiblemente cansado ya de ella y sus juegos, puso una mano en su hombro y comenzó a despedirse con la otra mano. &lt;em&gt;Ciao&lt;/em&gt;, repetía una y otra vez sin moverse del sitio. Llegamos a la conclusión de que quizá a través de su observación de los adultos habría podido deducir que ese gesto serviría para hacer que la otra persona se marchase, desapareciese de su vista.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;Casi sin querer supe que Noémie trabajaba los lunes y martes por la tarde y casi todos los domingos por la mañana. Me recibía con una sonrisa radiante en cuanto entraba. Sonaba la campanilla. No hablábamos mucho, apenas para pedir una barra campesina o un pan de chocolate y decir cuánto. Sonaba la campanilla. Eso sí, en el momento de pagar y recibir el cambio, los dedos rozaban accidentalmente las palmas por un instante. Y sonaba la campanilla. Y eso era todo.&lt;/div&gt;&lt;div style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;Un sábado por la noche salí. En realidad no pensaba hacerlo, me había preparado algo de pasta y había comido viendo las noticias en la televisión, y luego había dado unas cuantas cabezadas hasta que me espabiló el zumbido de un mensaje recibido. Un mensaje en el que unas chicas uruguayas que hacían un máster en la misma universidad en la que yo daba clases me proponían quedar en un bar, tomar algo y luego ir todos juntos a un concierto. Respondí que no, inventé una excusa. Sin embargo, al rato lo pensé mejor, me despegué del sofá y salí. Supongo que temía estar convirtiéndome en esa persona con la que no puedes contar, poco fiable, el equidistante o el ausente. Me consolaba -pero de inmediato me desconsolaba- pensando en las raras veces en que uno sale sin grandes expectativas, por inercia, desesperación o puro aburrimiento, y esa noche resulta memorable. &lt;/div&gt;&lt;div style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;Empecé a pensar en la posibilidad de encontrarme con Noémie en cuanto puse un pie en la calle. Al llegar al bar donde no había quedado con las uruguayas todavía estaban allí. Fui recibido con besos y abrazos y sonrisas amplias y ningún comentario sobre mi intento frustrado de borrarme, cosas que agradecí en silencio. Cinco minutos después estaba a gusto, relajado, empezaba a pasarlo bien. Fuimos a un concierto en otro bar de un grupo canadiense que una de las uruguayas, Daniela, había escuchado en &lt;em&gt;myspace&lt;/em&gt;. Aquello sonaba a una mezcla de &lt;em&gt;soul&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;funk&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;disco &lt;/em&gt;y &lt;em&gt;r'n'b&lt;/em&gt;, lo que en manos de un &lt;em&gt;nerd &lt;/em&gt;blanco canadiense no dejaba de ser llamativo. Al principio bailábamos siguiendo el ritmo con la cabeza y el pie. Después de dos o tres copas y cinco o seis canciones movíamos todo el cuerpo, cachete con cachete. La gente nos miraba y no nos importaba. Cuando terminó el concierto salimos a la calle empapados en sudor, eufóricos. En la entrada del bar, en medio de un grupo de gente, estaba Noémie. Sólo cuando me acerqué a saludar me di cuenta de que el grupo de gente era en realidad un grupo de tíos, todos franceses. Supe que eran franceses por su forma de vestir, todo ese rollo de camisas abiertas con camisetas blancas debajo y pantalones pirata y zapatos náuticos. Cerca del grupo había otro par de tíos pateando un banco de piedra con la intención evidente de arrancarlo del suelo. Noémie me recibió con una de sus sonrisas. Le pedí una &lt;em&gt;baguette&lt;/em&gt; mientras me abría paso y rio. Me preguntó si había estado en el concierto y supe que me había visto. Hablamos del grupo, de descargarnos algunas canciones, de qué plan teníamos para el resto de la noche. Ese fue el momento que aprovechó el corro de pretendientes -en el que me incluía, muy a mi pesar- para recuperar la atención perdida. Una mano me tomó del brazo y tiró de mí hacia afuera. Era Daniela. Me decía que se recogían, que quizá al día siguiente podríamos retomar la buena costumbre del mate dominical en su casa. Le habría dicho que hubiera ido en aquel mismo momento, que para qué esperar, pero de reojo vi alejarse a Noémie envuelta por la nube de pretendientes -de la que me había quedado rezagado, también muy a mi pesar- y cruzar el pont Saint-Pierre. No volvería a verla.&lt;/div&gt;&lt;div style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;A la mañana siguiente el dueño del Vasco le Gamma, el único bar de la plaza, con su voz robótica debido a una traqueotomía, me contó que Noémie no se había presentado en la panadería, que debía de ser la tercera o la cuarta vez, y que en más de una ocasión había llegado incluso a aparecer todavía medio borracha, y que el panadero, en fin, colmada su paciencia, la había despedido. Sentado en un taburete alto, acodado en la barra, se me atragantaba la otra barra, la que acababa de comprar en la Boulangerie Jaune. Pan de pasas, un asco.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9184330781086865972-640631759878168519?l=jotapunto.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://jotapunto.blogspot.com/feeds/640631759878168519/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9184330781086865972&amp;postID=640631759878168519&amp;isPopup=true' title='19 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9184330781086865972/posts/default/640631759878168519'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9184330781086865972/posts/default/640631759878168519'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://jotapunto.blogspot.com/2008/05/miss-toulouse-2008.html' title='La panadera de Saint-Cyprien'/><author><name>jotapunto</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06761732964167918998</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>19</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9184330781086865972.post-2761638193975941104</id><published>2008-03-28T01:00:00.016Z</published><updated>2008-05-17T00:18:43.481Z</updated><title type='text'>El viaje imaginario de J</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;En algún momento de su breve estancia en Toulouse por motivos laborales, A decide no seguir adelante con el improvisado plan que J y ella han tramado telefónicamente para encontrarse en Berlín. Los motivos no están del todo claros, pero tienen algo que ver con un sueño que se fue transformando en pesadilla, despertando viejos fantasmas a su paso, y el resto de esa noche en vela. Por la mañana llama a J, le hace saber su decisión. A juzgar por su voz, J acaba de despertarse y apenas llega a expresar una leve estupefacción. Se despiden. Cuelgan. Media hora después es J quien llama. Pasan más de una hora al teléfono, la mayor parte del tiempo en silencio, como si cada uno esperase del otro una carcajada o un sollozo en cualquier momento. Sin embargo, nadie ríe, nadie llora. Se despiden y cuelgan. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Una vez ha cumplido con su cometido, dedica la última tarde en Toulouse a pasear a un lado y a otro del Garona. Por fin, ante la amenaza de lluvia, se sienta a tomar un &lt;em&gt;capuccino&lt;/em&gt; en la librería Terranova y a leer &lt;em&gt;Viajes con Heródoto&lt;/em&gt;. Sin levantar la vista del libro nota cómo un bulto ocupa silenciosamente la silla situada justo frente a ella, le oye carraspear y abrir un periódico, el pasar susurrante de las hojas. Cierra el libro y descubre frente a sí a un tipo de rostro afilado que culmina en la punta de la nariz, los ojos pequeños, la boca pequeña y los labios finos. Le parece que las rastas acentúan su cara de roedor, tanto que, cuando sonríe justo antes de empezar a hablar, A lo puede imaginar royendo obstinadamente una cáscara de nuez. En cualquier caso, mantienen una conversación agradable, al principio en francés y luego en español, lo que quiere decir que al principio es él quien lleva la voz cantante y luego ella, aunque llegados a un cierto punto A considera que las intenciones de la cobaya son demasiado evidentes y empieza a aburrirse de tanto tópico, de tanto rodeo. Guarda el libro de Kapuściński en el bolso, se pone en pie, la chaqueta y el pañuelo alrededor del cuello, se despide y se va. Mientras está pagando la consumisión en la caja echa un vistazo a la mesa y comprueba que la rata sigue allí, sonriendo, escrutándola con sus pequeños ojos incisivos. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Esa noche el vuelo sale con una hora de retraso, el tiempo que le lleva a la tripulación comprobar que los pasajeros Hernández, Mascara y Kostner no se encuentran en el avión. El vuelo es desapacible, el avión es sacudido por una serie interminable de turbulencias desde el despegue. Al llegar a Madrid son desembarcados en una encrucijada entre dos zonas de recogida de equipajes, la 2 y la 5, de donde una parte del pasaje se dirige casi por inercia a la zona 2, otra, en la que se encuentra A, opta espontáneamente por la zona 5, y un reducido grupo permanece en la encrucijada como en suspensión, a ver qué pasa. De camino hacia la zona 5, después de cruzar varias salas vacías, a oscuras o en construcción, empieza a hacer mella en el grupo la sensación de haber tomado la dirección equivocada. Pronto el grupo se disgrega: algunos dan media vuelta, otros se quedan plantados ante la primera pantalla de información que les sale al paso y el resto, con A entre ellos, sigue resuelto a llegar hasta las últimas consecuencias. Las últimas consecuencias resultan ser una sala pequeña en la que sólo hay una mesa enorme, en el centro, sobre la que asoman los ojos cansados de una mujer de uniforme. Antes incluso de que terminen de dar sus explicaciones, como si les estuviera esperando o les hubiera estado observando desde que aterrizaron -o incluso antes-, la mujer les confirma que en efecto se han equivocado de sala y deben dirigirse a la zona 2. Salen de la zona de recogida de equipajes y recorren a la carrera dos terminales, y le cuentan al guardia civil apostado en la puerta de la zona 2 el episodio absurdo en el que se encuentran inmersos para que les franquee el paso. No queda nadie alrededor de la cinta cuando entran en tromba, y en la cinta sólo los restos de un naufragio, unas diez maletas abandonadas sobre las que se abalanzan sin dejar de correr. Ya en el metro coincide con uno de los pasajeros de su grupo, se dedican una sonrisa avergonzada. Acto seguido, clavan la vista en el suelo él y en el plano de una de las líneas de correspondencia ella. Pasa la noche en casa de su amigo Jorge, cerca de Bravo Murillo. Le cuesta pegar ojo, apenas duerme unas tres horas.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;A la mañana siguiente se despierta angustiada, al otro lado de la ventana comienza a clarear el cielo del patio interior. Saca el móvil del bolso. Está apagado, la batería agotada: el despertador no ha sonado. Sale corriendo a trompicones, coge un taxi. En el aeropuerto le dicen que su vuelo está cerrado y la ponen en lista de espera, previo pago de cincuenta euros. Pide un &lt;em&gt;capuccino&lt;/em&gt; en una de las cafeterías de la zona de embarque, se sienta, suspira. Ni siquiera A es del todo ajena a las señales. Mira a su alrededor. A través de los gigantescos ventanales con vistas al furioso revuelo de aviones en la pista se vierte una luz cegadora que difumina los contornos de las mesas, las butacas y los sofás, e incluso del hombre que se oculta detrás de un periódico italiano, unas gafas de pasta y una barba que parece postiza, sentado a su lado. Entre sus manos, bajo la mesa redonda donde humea la taza, sostiene el móvil apagado. Su peso inerte le recuerda el del cuerpo rígido de aquel canario de un color naranja vivo que se escapó de la jaula mientras ella la limpiaba, echando a volar por el patio interior hasta colarse de nuevo en la casa por la ventana del cuarto de A, que echó a correr por el pasillo mientras su madre le preguntaba desde la cocina a dónde iba con tanta prisa, rezando para que la gata siamesa no estuviese dormitando sobre su cama como tenía por costumbre.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9184330781086865972-2761638193975941104?l=jotapunto.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://jotapunto.blogspot.com/feeds/2761638193975941104/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9184330781086865972&amp;postID=2761638193975941104&amp;isPopup=true' title='12 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9184330781086865972/posts/default/2761638193975941104'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9184330781086865972/posts/default/2761638193975941104'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://jotapunto.blogspot.com/2008/03/el-viaje-imaginario-de-j.html' title='El viaje imaginario de J'/><author><name>jotapunto</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06761732964167918998</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>12</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9184330781086865972.post-4481347876301880692</id><published>2008-03-03T14:59:00.013Z</published><updated>2008-12-09T09:00:28.628Z</updated><title type='text'>Interruptor que no enciende ni apaga nada</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_LL7kx5rzLfM/R8wamOclDqI/AAAAAAAAAIc/jHwV9qhwxyE/s1600-h/Interruptor+doble.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5173539315957173922" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 65px; CURSOR: hand; HEIGHT: 82px" height="169" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_LL7kx5rzLfM/R8wamOclDqI/AAAAAAAAAIc/jHwV9qhwxyE/s200/Interruptor+doble.jpg" width="152" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;En casa de Amelia hay un interruptor doble, del que uno no enciende ni apaga nada, mientras que el otro enciende y apaga la luz del dormitorio. En ocasiones, al entrar o al salir, sobre todo si está atareada barriendo la casa o preocupada por entregar a tiempo un informe, Amelia pulsa por descuido el interruptor que no enciende ni apaga nada, lo que provoca en ella un escalofrío como de grieta que precede a un derrumbe, lo que, a su vez, dura el instante que le lleva reaccionar pulsando el otro interruptor y haciendo que se haga o no la luz, no sin antes asegurarse de haber devuelto el interruptor que no enciende ni apaga nada a su posición original, o al menos a la posición en la que se encontraba cuando alquiló la casa (cosa, por otro lado, imposible de asegurar a ciencia cierta). Y es precisamente este gesto, repetido invariablemente, el que crea una cierta inquietud en Amelia, quien, a veces, sentada frente a la pantalla del ordenador, acurrucada con su gato Rox en el sofá o dando vueltas en la cama, imagina que cada vez que pulsa el interruptor que no enciende ni apaga nada se produce algún hecho inexplicable o se desata alguna catástrofe en alguna parte. Clic, se produce una muerte súbita, clac, se descuenta un segundo del contador que decide el fin del mundo, clic, se llama al ascensor desde el piso septuagésimo nono del edificio Empire State. Sin embargo, Amelia apenas se ha parado a considerar la posibilidad de que no haya circuito cuyo curso alterar al otro lado del interruptor que no enciende ni apaga nada. De hecho, por no haber, no hay siquiera cables.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9184330781086865972-4481347876301880692?l=jotapunto.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://jotapunto.blogspot.com/feeds/4481347876301880692/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9184330781086865972&amp;postID=4481347876301880692&amp;isPopup=true' title='20 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9184330781086865972/posts/default/4481347876301880692'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9184330781086865972/posts/default/4481347876301880692'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://jotapunto.blogspot.com/2008/03/interruptor-que-no-enciende-ni-apaga.html' title='Interruptor que no enciende ni apaga nada'/><author><name>jotapunto</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06761732964167918998</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_LL7kx5rzLfM/R8wamOclDqI/AAAAAAAAAIc/jHwV9qhwxyE/s72-c/Interruptor+doble.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>20</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9184330781086865972.post-4492723441144865248</id><published>2007-12-24T09:23:00.000Z</published><updated>2008-02-06T09:18:22.611Z</updated><title type='text'>Noche de Reyes</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Era la hora de irse a la cama, ese momento algo alborotado después del baño y la cena en que había que darse prisa por una vez porque dormir era la forma más rápida de que llegara la mañana siguiente y la casa de los abuelos amaneciera llena de regalos. Y sin embargo no resultaba tarea fácil conciliar el sueño. Era la noche de Reyes.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;A medida que la casa iba quedando a oscuras y en silencio, apenas iluminada por la luces azules que titilaban en el salón entre las ramas del árbol de Navidad, se abría paso a través del pasillo y las habitaciones un murmullo sutil, tan sutil que un oído poco inquieto lo habría tomado por el runrún monótono del motor de la nevera. Hubiera sido preciso abrir la puerta del cuarto contiguo al de los abuelos y entrar con gran sigilo para dar con el origen del murmullo, allí donde dos hermanos mellizos, arropados por sábanas y edredón en camas separadas, confabulaban en voz muy baja sin dejar de mirarse fijamente a través de la penumbra con más fe que provecho.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-¿Crees que me pondrán la máquina de escribir? -preguntó el niño.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Claro.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Me gustaría.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-A mí me gustaría que me pusieran algo que no puse en la carta a los Reyes.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-¿El qué?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Si me lo ponen, te enterarás -sentenció la niña con mucho misterio.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;A continuación murmuraron un plan para sorprender a los Reyes en cuanto el primer camello hubiese posado una pata en el alféizar de la ventana del salón, pues habían llegado a la conclusión de que ese era precisamente el único lugar posible por el que unos reyes magos entrarían en la casa, cargados de regalos, una vez descartadas la puerta principal, por ser demasiado evidente, las ventanas de los cuartos y la pequeña chimenea de la cocina. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Si lo piensas, nunca han aparecido regalos ni en el cuarto de los abuelos ni en el de mamá ni en el nuestro -observó la niña. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-¿Y qué me dices de la chimenea de la cocina? &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Es demasiado estrecha, no como las de las películas americanas -se quedó callada un momento, pensativa, y dijo: Además, los Reyes tampoco son americanos, me lo dijo mamá. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Es verdad -convino el niño. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Así fueron quedándose poco a poco dormidos. La noche pasó en un cerrar y abrir de ojos, nunca mejor dicho. Al despertar, a la niña le pareció que en el aire de la mañana, junto a las motas de polvo sorprendidas por un rayo de sol que se colaba a través de las tablillas horizontales de la contraventana de madera, se respiraban un suspense y una esperanza casi sólidos, como si el tiempo se hubiese detenido. Tosió, lo que hizo que su hermano entreabriese somnoliento los ojos y parpadease una o dos veces antes de incorporarse en la cama como si hubiera recibido una descarga eléctrica. Se levantaron lentamente y se encaminaron con mucho sigilo y sin mediar palabra hacia la puerta del cuarto. En el pasillo permanecieron en silencio todavía un rato más, casi sin aliento. En cuanto les pareció evidente que los adultos aún dormían, abordaron el salón, donde bajo el árbol de Navidad descubrieron un montón de paquetes de muy diversos tamaños y envueltos por todo tipo de papeles de colores. Quedaron hipnotizados, los ojos muy abiertos, en pie, durante un par de minutos, el tiempo que llevó al niño volver en sí, abalanzarse sobre uno de los paquetes más voluminosos y pegar la oreja a uno de sus lados. Se disponía a sacudirlo cuando la niña lo tomó de la muñeca y tiró de él hasta el cuarto de su madre. El niño se sintió volátil, ingrávido, y sonrió agradecido. En la penumbra del cuarto, la madre dormía boca abajo en el sofá cama abierto como un libro, su brazo izquierdo caía pesadamente como una raíz se hunde en la tierra. La niña soltó a su hermano, se acuclilló y recogió el brazo, doblándolo con cuidado y posando la mano junto a la mejilla izquierda de su madre. Se dirigieron al cuarto de los abuelos, donde encontraron a la abuela sentada al borde de la cama, explorando a tientas con los pies el suelo en busca de las pantuflas. Al calzárselas y levantar la vista reparó en las dos figuras infantiles que permanecían expectantes en el umbral de la puerta. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-¿Ya han llegado los Reyes? -susurró mientras se ponía la bata sobre el camisón largo, batir de alas. Los mellizos asintieron con la cabeza perfectamente sincronizados. La abuela sonrió y se dirigió al bulto durmiente que quedaba en la cama. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Paco, los Reyes –dijo. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;La cabeza alargada de un anciano calvo de pelo y bigote blancos brotó de entre las sábanas con esa naturalidad que sólo se encuentra al alcance de ciertas setas comestibles y las cabezas de algunos abuelos. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-¿Y a qué estamos esperando? ¡Vamos que nos vamos! -exclamó con acento andaluz al tiempo que empezaba a dar palmas y a entonar villancicos. Un gran revuelo se desató en el salón en el mismo momento en que la madre se les sumaba frotándose ambos brazos con las manos. Pronto también hicieron acto de presencia el infalible lote de ropa interior, pantalones, suéteres, un microscopio y una videoconsola Atari. Por último, el regalo del padre, de manos de la madre. Sin dudarlo el niño se lanzó sobre el paquete cuadrado y rasgó el papel celeste salpicado de los dibujos de personajes de Lucky Luke, bajo el que descubrió una flamante Olympia Traveller de Luxe, quedando boquiabierto. La abuela lo ayudó con sus pequeñas manos temblorosas a destaparla y enrollar en el carro el primer folio en blanco, sobre el que el niño empezó a escribir con infinito placer, un placer que residía tanto en el fogonazo que producía pulsar con vehemencia cada tecla y disparar así el tipo hacia el folio, donde quedaba milagrosamente estampada cada letra, como en el gesto de accionar la palanca de retorno de carro. Lo que escribió a doble espacio fue un entrañable elenco de nombres que alguien tal vez conserva en algún imaginario museo familiar en el fondo de algún cajón. La niña no movió un dedo, pese a que el trabajado envoltorio de su regalo no podía disimular las curvas de una bicicleta o de una serpiente boa que se hubiese cenado un elefante. Se puso en pie y se acercó con disimulo a una banqueta rectangular de madera, baja, pequeña y vieja, en la que se sentó. La abuela se acercó y le dijo algo al oído. La niña la miró unos segundos, se levantó de un salto y corrió al baño, cerrando de un portazo a su paso. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-¿Qué le has dicho, mamá? -quiso saber la madre. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Nada, que anoche mientras dormía el rey Baltasar le dio un beso. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Una vez en el baño la niña se plantó frente al espejo con los brazos apoyados en la fría superficie del borde del lavabo, mirando obstinadamente el reflejo de su rostro. Al cabo de media hora, justo en la mejilla izquierda, muy cerca de la aleta de la nariz, se le fue revelando poco a poco la tenue impresión de dos finas líneas paralelas, rosáceas sobre la piel blanca. Una hora después lo vio, lo vio, lo vio.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9184330781086865972-4492723441144865248?l=jotapunto.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://jotapunto.blogspot.com/feeds/4492723441144865248/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9184330781086865972&amp;postID=4492723441144865248&amp;isPopup=true' title='9 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9184330781086865972/posts/default/4492723441144865248'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9184330781086865972/posts/default/4492723441144865248'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://jotapunto.blogspot.com/2007/12/un-cuento-de-la-noche-de-reyes.html' title='Noche de Reyes'/><author><name>jotapunto</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06761732964167918998</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>9</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9184330781086865972.post-4365556235154625485</id><published>2007-11-19T12:34:00.003Z</published><updated>2009-12-18T08:39:57.669Z</updated><title type='text'>El mundo a su medida</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;La mujer no le quitaba ojo al tiovivo, en un primer momento para tener algo controlados los movimientos de la niña, al cabo de un rato porque había quedado hipnotizada por todas aquellas luces y caballos que giraban sin apenas tregua. Por eso cuando el hombre le preguntó si se encontraba bien volvió en sí de golpe, de un salto se puso en pie y buscó a la niña con la mirada. Sólo cuando la distinguió a unos treinta metros, de espaldas a ellos, con los brazos cruzados sobre la barandilla de hierro que rodeaba el tiovivo, soltó el aire y volvió a dejarse caer en el banco de madera.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-La verdad, no termino de acostumbrarme -dijo la mujer.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-¿A qué, cariño?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Esta niña es tan... rara.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-¿A qué te refieres exactamente?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-A que no para quieta, siempre la pierdo de vista, siempre de un lado a...&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Bueno, todos los niños son así en cierto modo, ¿no crees?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Supongo que sí.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Era un tiovivo vieho que, no obstante, se conservaba en un estado de ruinosa dignidad. Tenía dos pisos, uno inferior más amplio destinado a los niños mayores, y otro para los más pequeños y sus padres, al que se llegaba subiendo una escalera. En cualquier caso, era difícil precisar el límite de edad para uno y otro piso, y la mujer no hacía más que preguntarse si a una niña de cinco años no le convendría el piso superior, aun a sabiendas de que le habría sido casi imposible arrastrarla hasta allí.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Y luego está esa fijación que tiene últimamente -continuó la mujer.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-¿De qué fijación hablas?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Toda esa historia de Dios.&lt;br /&gt;-¿Qué pasa con Dios ahora?&lt;br /&gt;-Lleva unas semanas preguntándome qué pasaría si Dios hubiese creado el mundo, se hubiese aburrido pronto de nosotros y nos hubiese abandonado a nuestra suerte, creo que en el fondo es culpa de tu hermano y de ese estúpido nombrete que le ha puesto y que a ella le hace tanta gracia.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Venga, ya sabes lo curiosa que es -dijo el hombre mientras pasaba la página del periódico que estaba leyendo y trataba de reprimir un bosquejo de sonrisa que por un momento amenazó con dispararse hacia la mejilla izquierda. Sin embargo, el gesto, casi imperceptible para un corredor de bolsa, un sumiller o un trapecista, no pasó desapercibido para la mujer. Acto seguido, el hombre levantó la vista del periódico y reparó en la concentrada serenidad del rostro de la mujer, traicionada durante un segundo por la brusquedad con la que tiró de las solapas para ajustarse la chaqueta de cuero marrón oscuro.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-O'Haricrisna, la llama -bufó la mujer.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Volvió a buscar a la niña. En esta ocasión, debido al gentío que empezaba a agolparse en torno al tiovivo, tuvo que erguir sobremanera la espalda y levantar la barbilla para ubicarla, algo más alejada, casi de perfil, plantada a un lado de la interrupción de la barandilla de hierro por la que se accedía a la atracción. Sólo un segundo antes de que la niña echara a correr, la mujer intuyó lo que estaba a punto de hacer. La cara se le descompuso y gritó. Por lo demás, quedó paralizada, clavada en el sitio. El hombre, alertado por el grito de la mujer, dio un salto extraordinario y echó a correr a su vez detrás de la pequeña. El periódico realizó un vuelo breve y aparatoso, no exento de una extraña belleza que nadie pudo apreciar. La niña alcanzó corriendo la escalera, subió de un salto y se abrazó con todas sus fuerzas al primer objeto girante que se cruzó en su camino, una especie de galeón con una sirena por mascarón de proa al que quedó agarrada hasta estamparse de boca contra una de las columnas que sustentaban el tiovivo. Haciendo un esfuerzo por controlarse, el hombre la recogió enseguida del suelo, donde había quedado tendida bocarriba. Después de apartar el brillante pelo negro de la cara de la niña, comprobó consternado que le brotaba abundante sangre de la nariz y la boca. En brazos la llevó al baño de un bar cercano y le lavó la cara con cuidado. Cuando hubo terminado, una sonrisa beatífica apareció en la cara de la niña, la sonrisa de alguien que está a punto de entregar el correo del zar. El hombre cogió más papel higiénico, lo dobló varias veces y le dio instrucciones para limpiarse en caso de seguir sangrando. La mujer les esperaba en la puerta del bar, tenía los ojos hinchados y estaba lívida. No cruzaron una sola palabra durante todo el trayecto en coche a casa. Los únicos sonidos procedían del motor en marcha, de la circulación y del sonarse la nariz cada uno de ellos. A ratos se conseguía accidentalmente un cierto ritmo acompasado, más o menos &lt;em&gt;vivace&lt;/em&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9184330781086865972-4365556235154625485?l=jotapunto.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://jotapunto.blogspot.com/feeds/4365556235154625485/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9184330781086865972&amp;postID=4365556235154625485&amp;isPopup=true' title='13 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9184330781086865972/posts/default/4365556235154625485'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9184330781086865972/posts/default/4365556235154625485'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://jotapunto.blogspot.com/2007/11/el-mundo-su-medida.html' title='El mundo a su medida'/><author><name>jotapunto</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06761732964167918998</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>13</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9184330781086865972.post-2128784926624896986</id><published>2007-11-05T07:38:00.000Z</published><updated>2008-12-09T09:00:28.934Z</updated><title type='text'>La penúltima sesión</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_LL7kx5rzLfM/Ry8S4FHL5dI/AAAAAAAAAIU/86C93CTBsos/s1600-h/Por+Walton+Ford.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5129339255252575698" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_LL7kx5rzLfM/Ry8S4FHL5dI/AAAAAAAAAIU/86C93CTBsos/s400/Por+Walton+Ford.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; J la espera tranquilo, hojeando el programa del próximo ciclo de la Filmoteca Canaria dedicado a Bollywood. Lo cierto es que no le importaría que se hiciese tarde, poder saltarse el cine e ir directamente a tomar unas cañas, pero B llega apenas unos minutos antes de la hora en que empieza la proyección.&lt;br /&gt;-Somos pareja -asegura a la taquillera para aprovechar el prometido euro de descuento de los lunes, día de la pareja. B sonríe. La sonrisa de B es obstinada y, de algún modo que J no consigue explicarse, redentora. &lt;div align="justify"&gt;Mientras suben las escaleras hacia las salas, B le confía que ha sido seleccionada para un programa de cooperación internacional en Senegal, y acompaña sus palabras con una sonrisa, los brazos en alto, los dedos índices y corazón dibujando una V de Victoria. Tiene que alegrarse, y en el fondo se alegra. Y mucho. Por ella. En cuanto a él, aunque suelen quedar apenas una vez al mes, con suerte cada dos semanas, le gusta contar con la posibilidad de llamarla y verse, y luego llamarla y verse, por lo que la noticia de su partida le provoca un temblor.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-¿Cuándo te vas?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-No lo sé todavía.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Muy a su pesar se obliga a disimular la tristeza que empieza a mordisquearle los tobillos, le pregunta, se interesa. B le comenta algunos pormenores de su estancia: el proyecto consiste en la construcción y puesta en marcha de una escuela infantil en una aldea donde hay un rey. El acomodador rompe las entradas por la mitad, entran en la sala en penumbra. La escasa iluminación procedente de pequeñas luces laterales y de la pantalla grande en la que ya se proyecta un tráiler de una película de muertos vivientes que trascurre en Rusia, recorta los contornos de las cabezas de los pocos espectadores que hay dispersos por toda la sala. Se sientan más o menos en el centro, a tres butacas del pasillo. Siguen hablando mientras pasan los tráiler.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-¿Y cuándo te vas?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-¿Otra vez? No sé, pero es seguro que las navidades las pasaré allí.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Vaya.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Alguien carraspea desde la fila de butacas a sus espaldas. Medio indignados, medio avergonzados, se callan. Se apagan todas las luces, empieza la película. A J le parece una ironía haber deseado pasar de la película hace un momento y ahora experimentar un cierto alivio porque finalmente haya empezado. Dedica los primeros diez minutos de película a preocuparse por B y a tratar de recordar lo que sabe de Senegal de aquella época en que se interesó por una plaza de lector de español en la Universidad de Dakar. Se da cuenta de que no sabe gran cosa. Alguien, probablemente la misma persona de antes, habla solo desde la fila de butacas a sus espaldas. Se miran y sonríen abriendo mucho los ojos. Entonces J recuerda un día, en un cine, hace mucho tiempo: aquel día hubo dos butacas vacías porque el cine había sido una excusa que después no necesitaron. Prefiere no acordarse demasiado y, por primera vez desde los títulos de crédito, presta toda su atención a la película. La película cuenta la serie de acontecimientos que desencadena la fuga de un tigre del zoológico de una ciudad alemana. En cuanto se da parte del suceso la policía se muestra poco predispuesta a andarse con contemplaciones, mientras que los empleados del zoo insisten en la importancia de utilizar unos dardos tranquilizantes, de modo que se asiste a la carrera contrarreloj de unos y otros por darle caza a través de las calles y los parques nevados. Paralelamente se intercala la historia de una pareja de turistas estadounidenses que van en busca del lugar exacto de la ciudad en el que se tomó una fotografía de una mujer en blanco y negro con la que él está obsesionado por oscuros motivos. En una escena en un café ella le pregunta si se trata de su madre, pero por respuesta sólo encuentra una mirada perdida más allá del suelo. Desde el principio parece evidente que ambas historias terminarán cruzándose provocando un desenlace fatal, y se presentan varias ocasiones propicias para ello, lo que hace que inevitablemente las sucesivas conversaciones que mantiene la pareja sobre la fotografía, sobre la crisis que esa fotografía ha destapado, adquieran una mayor relevancia dramática. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;El hombre sentado solo a sus espaldas vuelve a decir algo. J tira de la falda de B para llamar su atención, B coge la mano de J un segundo. Ese breve contacto que durante tanto tiempo dio por descontado, se le antoja de pronto precioso, de una rara intensidad.&lt;br /&gt;A medida que la policía y los empleados del zoo estrechan el cerco, la pareja se encuentra cada vez más cerca de la ruptura o de encontrar el lugar que buscan. Inesperadamente la película se acaba, saltan los créditos finales. A pesar de que se encienden todas las luces, deciden esperar hasta que se apaga el proyector. Desconcertados, abandonan la sala. Se sientan en una terraza y piden unas cañas. Al principio charlan con fluidez, pero no tardan en agotarse los temas de Senegal, de la familia, de los amigos y de lo desapacible que está el tiempo a principios de noviembre. Como suele suceder cuando hay algo de lo que no puede hablarse, la conversación languidece hasta que no encuentran más que decirse sin esfuerzo. Piden la cuenta. Al cabo de un rato se levantan y pagan en la barra. J se ofrece para acompañarla a casa, si total le queda de paso. No se cruzan con una sola persona durante su paseo taciturno, cabizbajos, B con los brazos cruzados sobre el vientre, J con las manos en los bolsillos de los vaqueros.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Al final no hemos dicho nada sobre la película -hace notar B poco antes de alcanzar el portal del edificio donde vive. La inercia de la despedida, que ha estado acechando agazapada a lo largo del camino, aprovecha ese momento para abalanzarse sobre J y B, los ojos relampagueantes en la oscuridad, &lt;em&gt;los chorros tibios a cada zarpazo&lt;/em&gt;. B entra en el portal, el portón de madera se cierra de un portazo. J mira a su alrededor con pesadumbre y emprende el trayecto de vuelta a casa. Pronto empieza a aligerar el paso sin dejar de echar vistazos por encima del hombro. Hace los últimos cien metros lisos de calle corriendo. Una vez a salvo en su cuarto siente con una inesperada mezcla de alivio y tristeza que todo ha pasado por fin.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9184330781086865972-2128784926624896986?l=jotapunto.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://jotapunto.blogspot.com/feeds/2128784926624896986/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9184330781086865972&amp;postID=2128784926624896986&amp;isPopup=true' title='8 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9184330781086865972/posts/default/2128784926624896986'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9184330781086865972/posts/default/2128784926624896986'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://jotapunto.blogspot.com/2007/10/la-penltima-sesin.html' title='La penúltima sesión'/><author><name>jotapunto</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06761732964167918998</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_LL7kx5rzLfM/Ry8S4FHL5dI/AAAAAAAAAIU/86C93CTBsos/s72-c/Por+Walton+Ford.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9184330781086865972.post-369108998736481048</id><published>2007-11-01T11:04:00.000Z</published><updated>2007-11-04T13:38:07.127Z</updated><title type='text'>Catarsis</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Antes de sumergirse en la mar océano, las gafas encajadas en la cabeza, el tubo colgando a un lado como un brazo roto, hablan durante un mínimo de media hora sobre tiburones: blancos, tigres, toros, martillos, marrajos. Evocan paraísos naturales como el Golfo de México, la Gran Barrera de Arrecifes, la Isla de las Focas. Barajan todas las posibilidades de encontronazo, de huida, de ataque. Acto seguido, se zambullen de cabeza en el profundo azul.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9184330781086865972-369108998736481048?l=jotapunto.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://jotapunto.blogspot.com/feeds/369108998736481048/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9184330781086865972&amp;postID=369108998736481048&amp;isPopup=true' title='11 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9184330781086865972/posts/default/369108998736481048'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9184330781086865972/posts/default/369108998736481048'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://jotapunto.blogspot.com/2007/11/catarsis.html' title='Catarsis'/><author><name>jotapunto</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06761732964167918998</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>11</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9184330781086865972.post-3656908308040248297</id><published>2007-10-11T10:55:00.002Z</published><updated>2009-02-20T23:45:42.984Z</updated><title type='text'>28 meses después</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;¿Que cómo he llegado aquí? Heredé un bar, así de sencillo. Un buen día recibí una notificación de un abogado de Santa Cruz, Montalbán se llamaba, comunicándome (ya saben, con toda esa retórica que caracteriza a los abogados que no la entiende nadie) que había heredado una propiedad y que me pasara al día siguiente en horario de mañana por su despacho para formalizar el asunto. Pasé buena parte de la noche preguntándome de quién podría haber yo heredado nada, estando como estaban todos mis parientes y amigos vivos y coleando, pero cuando realmente supe que no había nada que hacer, que al menos esa noche no conseguiría conciliar el sueño, fue cuando empecé a fantasear con lo heredado. Primero pensé en todas las cosas que me hubiera gustado heredar, luego en las que a lo mejor no me hubiera gustado tanto, y me dieron las nueve de la mañana dando vueltas en la cama y pensando en lo que hubiera odiado con todas mis fuerzas heredar. Así pasó por mi cabeza la posibilidad de haber heredado cosas como el manuscrito de la última novela de Chuck Palahniuk, todavía inédita, un bar tiki o un babero-smoking para perros como uno que vi en el programa de César Millán, el dominador de perros. Y, lo que son las cosas, en parte atiné. Llegué a las diez al despacho del tal Montalbán, un despacho pequeño y barroco y bastante sombrío, lleno de estanterías abarrotadas de libros hasta el techo. Me llamó la atención que en los anaqueles no sólo tuviese la Constitución y los mamotretos de códigos penales, civiles y demás, sino otros libros, de historia, de filosofía, antiquísimos como el propio Montalbán y su despacho, que parecían a punto de derrumbarse de puro vieho. En cuanto me senté, me soltó que había heredado un bar en una ciudad de Siberia llamada Chitá (&lt;em&gt;Читá&lt;/em&gt;, en ruso) y lo primero que pasó como un relámpago por mi mente fue la mona de Tarzán (en blanco y negro, claro), y acto seguido pensé que quizá se estaba quedando conmigo. Al verme boquiabierta añadió que si por supuesto no estaba interesada en la propiedad podía venderla y que por supuesto podía contar con sus servicios para realizar la operación y que por supuesto tenía todo el tiempo del mundo para pensármelo. Continuó diciendo que no podía revelar la identidad del difunto por petición expresa del mismo en el testamento (¿acaso importaba?), y procedió a alcanzarme unos documentos que debía firmar antes de recibir el título de propiedad y las llaves del inmueble. Firmé aún en estado de shock. Casi sin darme cuenta cayó en mis manos una cajita de cartón marrón que contenía una bolsa de plástico transparente sellada que a su vez contenía todo el papeleo legal, una llave y un sobre en cuyo interior a su vez constaba la dirección del bar. Pensé en un juego de muñecas rusas. Le aseguré que debía de tratarse de un error. Montalbán me miró entornando mucho los ojos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-¿No es usted la señorita O'Hara Peñate?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Asentí con la cabeza.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Entonces no hay ningún error. Mire, tal y como yo lo veo, si me permite la sugerencia, no está usted en la obligación de hacer nada al respecto, pero el bar es suyo.&lt;br /&gt;Le di las gracias y me levanté. El vieho se disculpó por no poder acompañarme hasta la puerta debido al reúma.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Enhorabuena, señorita, es usted heredera -le oí decir justo antes de cerrar a mi paso.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Una vez en mi casa saqué la llave de la bolsa y la metí en uno de los bolsillos de la chaqueta que llevaba en ese momento, y de ahí pasó al de una mochila que solía llevar a la playa, y de ahí no sé cómo al bolsillo de un pantalón vaquero, en donde la encontré poco después de la pandemia del virus de la ira en Inglaterra. En ese momento yo ya no sabía qué quería hacer con mi vida y se respiraba un ambiente apocalíptico en todas partes, de modo que la llave me ayudó a tomar una decisión: me lié la manta a la cabeza, abandoné la carrera y mi trabajo de acomodadora, me despedí de mi gente y cogí el primer vuelo a Moscú, y luego el Transiberiano (&lt;em&gt;Транссибирская&lt;/em&gt;, en ruso) hasta Chitá. Pasé el primer día en tren con la cara literalmente pegada a la ventana. Es curioso, asocias Siberia con una estepa interminable habitada por líquenes y lemmings enloquecidos que corren al suicidio, y mucho de eso hay, pero también montañas, bosques y lagos. A veces el paisaje siberiano es inquietante y no puedes quitarte de la cabeza la posibilidad de perderte en una inmensidad así, otras sólo te da sueño. Durante el viaje sacaba a menudo la llave y podía pasarme horas mirándola, ensimismada, al principio para evitar mirar a los rusos con pinta de mafioso con los que me cruzaba (todos los rusos me parecían mafiosos), luego por puro gusto. Yo, que nunca había tenido nada, de repente era propietaria de un bar en Siberia. Me parecía genial. Me sorprendía haciendo planes. Quería montar un bar tiki con toda la parafernalia hawaiana, que ha sido mi sueño más recurrente desde que tengo uso de razón (más o menos desde que terminé el bachillerato). Intenté aprovechar el segundo día para seguir explorando el manual de ruso, pero no entendía ni papa y me dediqué a dormitar, a tararear una y otra vez las canciones que llevaba en el mp3, a vagar por el vagón. En la parada de los Urales se terminó de llenar el compartimento en el que viajaba cuando un fulano con cara de asombro y una funda roja de violín en la mano ocupó el asiento frente a mí (en el fondo fue un alivio, como cuando vas en guagua y el único asiento libre es el que está a tu lado y hay gente de pie y todo, y te preguntas si tienes tan mala pinta o hueles mal, y con disimulo acercas la nariz al sobaco). Dejó la funda en el suelo detrás de sus pies, cruzó los brazos y me miró. Me dije que sin duda sería un mafioso. Traté de imaginar el contenido de la funda, aparte del más que probable violín del siglo XVIII: una pipa y una botella de vodka, un fusil desmontable con mira telescópica, una bomba de relojería y una muñeca hinchable, unas gafas y un tubo de buceo, un gato muerto. De madrugada, mientras comía pipas compulsivamente y empezaba a dolerme la barriga, el fulano carraspeó y dijo algo en ruso. Cuando levanté la vista me di cuenta de que el resto de pasajeros del compartimento dormían y por lo tanto era evidente que se dirigía a mí. Creo que empezaba a repetírmelo más pronunciado, como si fuese medio sorda o lerda del todo, cuando le interrumpí en un ruso lamentable haciéndole saber que no dominaba su idioma.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-¿Española?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Le dije que sí, que canaria. Entonces se alegró mucho, tanto que se diría que acababa de reencontrar a una vieja amiga, y me contó que su madre era de Arafo, que ahora vivía en Puerto de la Cruz con su padrastro, ruso como su padre, lo que me confirmaba su pertenencia a algún clan mafioso.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Antes, cuando te hablé en ruso, quería saber si te habías fijado en ese pasajero -y señaló a un señor con barba que roncaba con la cabeza apoyada en una de las orejeras de uno de los asientos más cercanos a la puerta del compartimento.&lt;br /&gt;Le dije que no especialmente. Miré de nuevo la funda de violín. Un gato muerto, pensé.&lt;br /&gt;-Me he fijado en que no lleva zapatos y me pregunto si no será un extraterrestre.&lt;br /&gt;No pude contener mis ojos, que se abrieron como balcones. Me reí. Le dije encogiéndome de hombros que me parecía poco probable, pero que cosas más raras se habían visto. No sé si me entendió. Aproveché la coyuntura para hacerme la distraída, bajar la vista y posar mi atención en la bolsa de pipas, pero no coló: el fulano volvió a la carga. Quiso saber si seguía las noticias, le respondí que llevaba un par de días desconectada del mundo y me dijo que por lo visto los americanos tenían previsto organizar una repoblación gradual de Inglaterra ahora que la pandemia parecía controlada. Estaba convencido de que acabarían metiendo la pata, como siempre. Le aseguré que en eso estábamos de acuerdo (no se ofendan). Al rato me dormí y tuve pesadillas, supongo que debido al atracón de pipas que me había dado. Soñé que unos ET de dos metros invadían la Tierra y había que refugiarse o escapar, en una de las pesadillas resistíamos durante días en el interior de una granja a cuyo alrededor había una especie de campo magnético verde, en otra huíamos de la presentación del último libro de Chuck Palahniuk en Santa Cruz, yo iba armada con la pata de una silla hasta un ferry que se suponía iba en dirección a Garachico. Odio a ET. El resto del viaje lo pasé más en los pasillos del tren que en el compartimento, donde a esas alturas nos hacinábamos unas nueve personas y una perra llamada Wanda a la que intenté dominar mediante las técnicas de César Millán. Después de un par de horas conseguí que esperase mi señal para coger algo. Antes de que el fulano de la funda roja de violín se bajase en la parada del lago Baikal me recomendó que procurase no volver a quedarme dormida como un tronco si no quería despertarme en Pekín, ya que aquel era en realidad el Transmanchuriano. Llegamos a Chitá poco después (decir poco es un decir). Mientras arrastraba los bártulos por el andén de la estación de Chitá lo miraba todo como una recién nacida, aturdida, a punto de romper a llorar a veinte grados bajo cero. Cogí un taxi y le di al taxista la tarjeta donde constaba la dirección del bar. Pasamos por lo que parecía el centro, donde había una iglesia celeste rematada por unas de esas míticas cúpulas de cebolla doradas. Paró en la esquina de una manzana y me señaló una puerta doble de madera en los bajos de un edificio gris de tres pisos con esa característica vehemencia rusa a la que empezaba a coger cariño. La llave entró, la cerradura giró y por un momento tuve la impresión de que el mundo giraba también en aquella dirección.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;A partir de aquí los acontecimientos se precipitan. Pasé la primera noche sobre un colchón que encontré en una especie de almacén polvoriento y que coloqué sobre la mesa de billar de aquel bar fantasma, acurrucada y temblando, temiendo que en cualquier momento se encendiera alguna luz y se oyera un amortiguado rumor de voces, tintineo de copas, música pop de los noventa. Al día siguiente desperté agradecida por seguir con vida y todo lo cuerda que puedo llegar a estar y me puse a investigar el local. Abrí las contraventanas de madera y una luz poderosa lo inundó todo. Sonreí. Me dije que esa misma noche estaría abierto el bar tiki de mis sueños, aunque luego me llevase meses arreglar la calefacción, barnizar de nuevo la barra y las mesas, los bancos, los taburetes, encontrar la parafernalia hawaiana, encargar y colocar sobre la entrada un letrero de neón en el que pudiera leerse Bar Pinomá. Claro que no estuve completamente sola, a los dos o tres meses de estar en Chitá conocí a Mijaíl, Miguelito para mí, un surfero siberiano, que es como decir un torero japonés. No era alto ni rubio, sino más bien bajito y flaco, moreno, de piel blanca. Tampoco era un mafioso, a diferencia de sus paisanos vestía con cierta gracia (es decir, no iba siempre de luto) y tenía una tabla un poco cutre que debía de haber utilizado en una ocasión como mucho. Él me enseñó a brindar con vodka (¡tos, tos, tos!) y, por supuesto, me ayudó con el ruso. Además me confió que en la ciudad mi presencia había generado una gran expectación, lo que sin duda contribuyó a que el bar funcionase desde el principio. Aquel año me lo pasé bomba: las noches parecían no tener fin, vivimos en un estado de depravación permanente y el Bar Pinomá se convirtió en un punto de referencia en Chitá. Incluso aparecimos recomendados en la Guía del Trotamundos, pero luego llegaron los zombis y se acabó la diversión, que es un modo de decir que hubo que cerrar el chiringuito, porque desde luego un apocalipsis zombi tiene su gracia. Ya saben a lo que me refiero: empieza poco a poco, apenas un eco en las noticias, una columna lateral interior de la sección internacional sobre algunos casos aislados de contagio del virus de la ira en un pueblecito normando, luego un especial informativo cuando la pandemia alcanza París, el despliegue militar, el cierre de fronteras, un reguero de pólvora que arrasa Bruselas y Amsterdam (lástima de coffee shops), y quien dice Holanda dice también Alemania, Italia, España, y yo acordándome del fulano del tren y preparándonos para resistir en el Bar Pinomá. A Chitá ni siquiera llegaron los helicópteros y tanques que vimos en el telediario desplegarse como insectos furiosos sobre Moscú. Una mañana oí gritos en la calle y luego un ruido sordo, como de cachetones. Me levanté de la mesa de billar y me encaminé todavía tambaleante, desconcertada, a una de las ventanas. Cuando abrí la contraventana, al otro lado de la calle vi cómo una mujer con la cara ensangrentada perseguía a un tipo que corría en pijama con un periódico en la mano, y lo que pasaba luego, cuando le daba alcance.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Así que la cosa va de zombis -me dije a media voz.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Cerré y aseguré las contraventanas, apagamos todas las luces y nos mentalizamos. A lo largo del día fue llegando gente: clientes habituales, caras familiares, completos desconocidos. Esa noche contamos quince. No siempre pudimos abrir la puerta, algunos fueron atacados allí mismo justo cuando empezábamos a retirar el armario de refuerzo, y en sus gritos desesperados reconocíamos los nuestros si nos asustábamos y cometíamos el más mínimo error. El día después sólo llegaron dos personas que contaban historias terribles bañadas en unos tragos de vodka que ayudaban a templar su ánimo y el nuestro. El tercer día volvimos a ser quince. Material malo de película de terror, por previsible: dos que habían llegado el primer día por la tarde se emperraron en salir a buscar a su madre o su tía o su mascota. Quise poner en práctica mis conocimientos de las técnicas de César Millán, pero Miguelito me disuadió, de modo que les entreabrimos la puerta, tomaron un trago de vodka y salieron empuñando cada uno una pata de taburete hacia una muerte segura. Supongo que no hace falta decir que no volvieron. En cierto modo les envidié, y fue entonces cuando supe que no tardaría en salir yo misma. Al principio no conseguía pegar ojo, pasábamos la noche en vela oyendo gritos, pasos, golpes, tiros, explosiones. En cuanto se hizo el silencio definitivo otros dos (una pareja de parroquianos, Boris y Anna) quisieron probar suerte, y después de dirigir una mirada cómplice a Miguelito me sumé. Miguelito salió delante de mí. La luz del sol y el aire gélido de la mañana fueron como una bendición. Por supuesto, teníamos un plan improvisado: alcanzar Vladivostok (Владивосток, en ruso) en línea recta y rapidito cruzando un fisco de China, y allí agenciarnos un barco con el que llegar a las costas de Japón (había un plan B, más peregrino si cabe, que consistía en llegar al lago Baikal y buscar el modo de desembarcar en una de sus setenta islas). Caminamos hacia el centro por unas calles que nos costaba reconocer. Aunque todo parecía en calma, podían reconocerse los indicios de la devastación por doquier: una ventana rota, una puerta desencajada de su marco, un coche volcado y sobre todo ni rastro de vida. Cuando estábamos a punto de llegar a la casa de la pareja, donde se suponía que podríamos pillar su coche y salir zumbando de Chitá, empezó a sonar un móvil que nos dejó paralizados en mitad de la calle. Flipé: más material malo de película de terror.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Ahora es cuando toca correr -me dije en voz alta.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Después de que Boris apagara su móvil y nos explicara que había sido la alarma que tenía programada para recordar tomarse unas pastillas y que extrañamente no había sonado durante nuestra reclusión forzosa en el Bar Pinomá (al que ya empezaba a echar de menos), se hizo un silencio sepulcral (nunca mejor dicho) y empezó a abrirse paso un rumor apagado de riachuelo, de tamtan lúgubre, de manada de ñúes en un documental de National Geographic. Miramos a nuestro alrededor, tropezamos con la cara descompuesta de los otros tres, que no era sino el reflejo de la nuestra, y de repente vimos salir en tromba de la iglesia, a unos doscientos metros, un chorro de zombis desbocados que de inmediato empezaron a correr hacia nosotros, gritando enfurecidos. En la helada y limpia mañana de marzo se podían distinguir bien los ojos inyectados en sangre, las bocas abiertas, hambrientas.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-¡Vamos! -gritó Miguelito, rompiendo el hechizo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Echamos a correr. Alcanzamos la casa y en la puerta a Boris le temblaban las manos, se le cayeron las llaves al suelo. Estuve a punto de soltar una carcajada, no podía creérmelo. Cuando el zombi que iba en cabeza se encontraba a unos treinta metros mal contados conseguimos entrar dando tumbos. Seguimos a Anna por el pasillo, la cocina con el desayuno servido, intacto, el garaje. Una vez dentro del viejo Lada rojo, el motor se caló mientras la puerta del garaje empezaba a abrirse. No pude reprimir la carcajada por más tiempo y todos me miraron desconcertados. Por suerte el motor arrancó justo cuando empezaban a colarse los zombis. Nos llevamos a unos cuantos por delante.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Sólo falta que uno se haya quedado enganchado al parachoques trasero -me dije a grito pelado. Eché un vistazo pero nada, sólo el horizonte de zombis que empezaba a quedar atrás. Fue entonces cuando el motor volvió a calarse. Todos volvieron a mirarme, pero así no había manera de soltarse y ni siquiera sonreí. Cortarrollos, pensé. Boris, Miguelito y yo nos bajamos para empujar. El Lada volvió a arrancar justo cuando reaparecían los zombis al final de la calle. Intentando subir al coche en marcha, Boris se torció un tobillo y cayó cuan largo era al suelo. Tuvimos que recogerlo sin mirar atrás, meterlo en el coche y volver a empujar un buen trecho, más o menos hasta que el zombi de cabeza, el mismo plusmarquista de antes, estuvo a punto de darnos alcance.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Después pasó todo lo que tenía que pasar: paramos para aprovisionarnos en una gasolinera de carretera donde unos zombis atacaron a Anna y la convirtieron en una de ellos. Nos vimos obligados a salir pitando con Miguelito al volante. Boris se limitó a echar un largo trago de una de las botellas de vodka que llevábamos con nosotros. Agradecí en silencio que el factor ruso evitase un sentimentalismo que nos habría convertido en protagonistas de una americanada vergonzante (no se ofendan, ya saben a lo que me refiero). Llegamos a la costa del Mar del Japón de noche, apenas unas horas antes de que nos encontraran en aquel embarcadero. Debo reconocer que cuando les vi llegar con sus trajes especiales y sus máscaras antigás y sus linternas cegadoras, no supe si alegrarme o echar a volar en bicicleta. Ahora que se lo he contado todo, ¿podría decirme dónde estamos? ¿Y Miguelito y Boris? Por curiosidad, ¿esa jeringuilla qué contiene? ¿Saben que estudié en el mismo colegio que Juan Carlos Fresnadillo?&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9184330781086865972-3656908308040248297?l=jotapunto.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://jotapunto.blogspot.com/feeds/3656908308040248297/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9184330781086865972&amp;postID=3656908308040248297&amp;isPopup=true' title='13 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9184330781086865972/posts/default/3656908308040248297'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9184330781086865972/posts/default/3656908308040248297'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://jotapunto.blogspot.com/2007/10/28-meses-despus.html' title='28 meses después'/><author><name>jotapunto</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06761732964167918998</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>13</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9184330781086865972.post-4569431210753608566</id><published>2007-10-04T14:07:00.000Z</published><updated>2007-10-05T22:45:58.588Z</updated><title type='text'>La merienda de Pitu</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Cuando tenía doce años el primer día de clase no era un trauma ya, y mucho menos el rollazo que sería después, mientras nos hacíamos mayores a golpe de reguetón. A los doce, trece como mucho, daba un gustazo guapo volver a cruzar la puerta de entrada al colegio después de haber pasado el verano con la familia en el sur, rodeados por tíos, primos y mosquitos, comiendo ensaladilla rusa y bebiendo Clipper de fresa, chapoteando en la piscina o en la orilla de la playa en plan chiquillaje. Por eso era como un alivio aquel olor medio rancio de las clases recién pintadas, matemáticas a primera hora, el boli nuevo, pero el jueves ya se nos había pasado todo el vacilón. Todo loco. Otra movida chachi era volver a ver a los coleguillas. Volver a ver al Charli, al Negro y a Raimon, y al pibe aquel que era húngaro o búlgaro o de pa'llá, todo risa él. No me acuerdo del nombre. Un pibe chachi. Y a las pibolas, está claro, los yogurines de Cris y Fayna, que aunque teníamos trece o catorce años ya éramos unos espabilados que te cagas. Claro que al ratito ya estabas otra vez hasta los huevos, deseando que llegase algún puente o las vacaciones de Navidad, y todo por culpa de los profes. Chiquito coñazo, casi todos unos carcamales de cojones que te comían la bola sin ninguna compasión, nada más que pa' joder. Qué coraje, viejito. Que si la raíz cuadrada, que si el loco de Garcilaso. A mí el profe de lengua siempre me decía que no sacaba mejores notas porque era un poco gandulillo, que si me esforzase un poco más, que si no me costaba asimilar las cosas, tacuá. A mí me la sudaba, está claro, pero ahora que lo pienso era un buen tío, el típico profe joven que iba de enrollado por la vida y tal, y sé que lo decía por mi bien, aunque al final le amargamos un poco la vida, que nosotros éramos unos risas y un poco capullines también, todo sea dicho. Todo claro. Eso sí, nadie estaba a la altura de Pitu. Le llamaban Pitu porque en realidad se llamaba Pablo, y creo que también porque era un pejín. La falta de centímetros la compensaba con una mala leche exagerada. Por eso le teníamos un miedo de cojones: nadie quería acabar como Roberto. El pobre Roberto era el típico empollón, lo único que le faltaba era llevar gafas. Los profes lo tenían en un pedestal, que si mira Roberto lo tranquilito que se está en clase, que si mira Roberto lo bien que escribe, y eso era casi como condenar al pobre Roberto de cara al resto de la peñita. Y eso que el pibe no era un pollaboba, que va. Siempre me acordaré de una vez que hablamos en el recreo y todo, puede que sobre la Unión Deportiva o la Champions, no me acuerdo, y pensé chacho, el pibe se entera. Sabía de lo que hablaba, tacuá. Eso sí, a la hora de la verdad en las canchas era un trozo, no daba pie con bola. Me hubiera gustado decirle que se dejara de tanta teoría y se pusiera la pilas, pero no me dio tiempo. Normalmente Pitu le daba bastante caña, lo llamaba bujarra y sunormá, le metía el típico lapo en la cara o un piñazo en la espalda que dejaba al pobre pibe sin resuello. Creo que además a Pitu le daba coraje que Roberto nunca se echara una llantina ni se lo contara a sus viejos. No sé qué pasó exactamente, pero un buen día Roberto no vino más, y a partir de ese momento empezaron a circular todo tipo de rumores, historias en las que Pitu más o menos terminaba inflando a Roberto y haciendo desaparecer su cadáver.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Por eso en cuanto una profe novata le dijo que no tirara migas de pan en el vaso de agua del Yosu, sabíamos que estaba sentenciada. Como yo papeaba en casita a gusto, a mí quien me lo contó fue el Negro. Ese día Pitu sólo se le quedó mirando fijamente hasta que ella se dio la vuelta y siguió vigilando el comedor. El comedor era una antigua capilla con sus vidrieras de colorines y todo. Todo guapo. Una risa de colegio laico. Pasaron los días y Pitu se fue poniendo cada vez más y más fula, y por lo visto la pobre profe se lo empezó tomando a cachondeo, en plan suave, pero en el fondo se notaba que se estaba acojonando, sobre todo cuando Pitu empezó con la cantinela aquella de que se la iba a merendar. La primera vez que lo oí me lo dijo el Charli, me dijo yuooos, Píter, ¿sabes lo que le dijo Pitu a la profe nueva?, yuooos, le dijo, ñoh, profe, la sopa huele a meao, foh, y la profe le dijo que se relajase, le dijo, relájate Pitu, ¿vale?, y Pitu le dijo, profe, te voy a merendar, y la profe se hizo la loca, como que pasaba de todo, como que no lo había oído, pero yo sé que sí, que lo oyó. Faaah, qué movida, loco. Yuooossss. Faaah. Todo risa. Y al día siguiente vino Raimon y me dijo qué movida, el Pitu cogió de la bata blanca a la profe y se la sentó en las rodillas, tú sabes que el Pitu está todo fibroso y que si te coge te da un meneo, y la profe se levantó toda azorada y tuvo que venir tenso el profe de lengua, que estaba en la puerta, y le dijo al Pitu que esta vez se había pasado, y mandó al Pitu al despacho del director, pero antes de irse le dijo a la profe que se la iba a merendar. Qué movida, loco. Chacho. A partir de ese día fue Pitu el que no vino más al colegio. Se habló de expulsión, del talego y movidas así. Terminó el curso, aprobé raspado y, poco antes de tirar pa'l surey con la familia, una mañana que mi vieja me había mandado bajar a la panadería a comprar dos barras, me encontré a Pitu subiendo por un descampado que había detrás de los bloques de la urbanización donde vivíamos. Como pensé que me había calzado lo saludé de lejos con la mano, pero fue entonces cuando de verdad me vio y vino hacia mí, tranquilote, con las manos en los bolsillos. Cuando se paró frente a mí y sacó las manos pude ver que en los bolsillos del pantalón de chándal llevaba un par de bultos chungos. Se acercó y me saludó, me dijo qué fue, Píter, y yo no pude decir nada, tenía la garganta toda seca y tal. Se me quedó mirando un rato, de arriba a abajo y otra vez arriba, y clavándome los ojos me preguntó si tenía veinte céntimos. A duras penas le dije que no y para desviar la tensión le pregunté qué había pasado en el colegio, le dije chacho, Pitu, al final qué pasó con la profe aquella. Se me quedó mirando todavía un rato más, medio de reojo, como a punto de revirarse, y luego dijo ¿cómo dices tú?, ¿que qué pasó al final?, al final el Madrid ganó la liga, y luego dijo tsss, a ver si al final la merienda vas a ser tú, sunormá.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9184330781086865972-4569431210753608566?l=jotapunto.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://jotapunto.blogspot.com/feeds/4569431210753608566/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9184330781086865972&amp;postID=4569431210753608566&amp;isPopup=true' title='9 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9184330781086865972/posts/default/4569431210753608566'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9184330781086865972/posts/default/4569431210753608566'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://jotapunto.blogspot.com/2007/09/la-merienda-de-pitu.html' title='La merienda de Pitu'/><author><name>jotapunto</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06761732964167918998</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>9</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9184330781086865972.post-9051139695158777899</id><published>2007-10-03T15:56:00.000Z</published><updated>2007-10-03T17:28:47.653Z</updated><title type='text'>Material para un sueño</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;¿Quién? ¿Quién los vio pasar?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;El viejo iba detrás de ella, redonda, rotunda, pero se le veía a él primero, gracias en gran medida a su altura, alturísima.&lt;br /&gt;-El viejo era altísimo. Y calvo. Sonreía. Yo los vi pasar. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;No todos estaban ciegos aquel mediodía florentino, alguien se cruzó con una pareja de ancianos de camino a Piazzale Michelangelo y creyó verse acompañado en el reflejo de un espejo de tiempo.&lt;br /&gt;Éramos nosotros.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9184330781086865972-9051139695158777899?l=jotapunto.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://jotapunto.blogspot.com/feeds/9051139695158777899/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9184330781086865972&amp;postID=9051139695158777899&amp;isPopup=true' title='7 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9184330781086865972/posts/default/9051139695158777899'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9184330781086865972/posts/default/9051139695158777899'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://jotapunto.blogspot.com/2007/09/material-para-un-sueo.html' title='Material para un sueño'/><author><name>jotapunto</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06761732964167918998</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9184330781086865972.post-6146080550995188235</id><published>2007-09-26T09:32:00.000Z</published><updated>2007-09-29T16:03:56.720Z</updated><title type='text'>La puerta de la estación</title><content type='html'>Sucedió en Venecia un domingo de carnaval&lt;br /&gt;en el que una de las puertas abatibles de la zona de tránsito de pasajeros de la estación de Santa Lucia permaneció abierta ininterrumpidamente durante veinticuatro horas&lt;br /&gt;una vida&lt;br /&gt;en virtud de la inercia de miles de personas&lt;br /&gt;cada una&lt;br /&gt;que mantuvo apenas un segundo sin detenerse la puerta de la estación abierta al paso de la corriente&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9184330781086865972-6146080550995188235?l=jotapunto.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://jotapunto.blogspot.com/feeds/6146080550995188235/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9184330781086865972&amp;postID=6146080550995188235&amp;isPopup=true' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9184330781086865972/posts/default/6146080550995188235'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9184330781086865972/posts/default/6146080550995188235'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://jotapunto.blogspot.com/2007/09/la-puerta-de-la-estacin.html' title='La puerta de la estación'/><author><name>jotapunto</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06761732964167918998</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9184330781086865972.post-5327447771031671649</id><published>2007-09-17T14:48:00.000Z</published><updated>2007-09-18T18:32:10.632Z</updated><title type='text'>Verídico (y 3)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Unos amigos charlan alrededor de la mesa de madera de un bar sobre un rumor que circula por la ciudad acerca de unos acontecimientos que acaecieron supuestamente durante un concierto que un famosísimo grupo de rock mexicano dio en el estadio local.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Dicen que L vio cómo el mánager zarandeaba al cantante -comenta G.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Lo que yo he oído es que uno de los seguritas que trabajó allí le contó a un colega mío que después del concierto entraron en el camerino unas niñas de unos quince años, al rato oyeron ruidos y entraron los seguritas, y cuando abrieron la puerta se encontraron con una escena tan chunga que no dudaron en aporrear a los miembros del grupo -asegura JL.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;En ese momento llega J y saluda, se sienta, se interesa por el tema de la conversación.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Creo que lo que pasó fue que después del concierto dieron una fiesta con doscientas putas -interviene en cuanto es puesto al corriente.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Que no, que no -interrumpe P-. Por lo visto lo que pasó fue que unos doscientos seguritas aporrearon al mánager del grupo delante del cantante, pero hace tiempo, cuando L tenía quince años y había ido al concierto con unas putas. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-De eso nada, lo que pasó fue que doscientas putas de quince años zarandearon a L mientras unos seguritas aporreaban al mánager y al cantante del grupo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Yo me lo creo -confiesa C, y, ante la estupefacción general que su declaración ha provocado, aclara: todo, me lo creo todo.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9184330781086865972-5327447771031671649?l=jotapunto.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://jotapunto.blogspot.com/feeds/5327447771031671649/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9184330781086865972&amp;postID=5327447771031671649&amp;isPopup=true' title='8 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9184330781086865972/posts/default/5327447771031671649'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9184330781086865972/posts/default/5327447771031671649'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://jotapunto.blogspot.com/2007/09/verdico-y-3.html' title='Verídico (y 3)'/><author><name>jotapunto</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06761732964167918998</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9184330781086865972.post-3380021650641517395</id><published>2007-09-06T12:54:00.004Z</published><updated>2009-12-18T08:40:20.379Z</updated><title type='text'>Aquí vive gente</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;En la calle Sant Joaquim de Barcelona hay dos balcones. Bueno, en realidad debe de haber cientos, pero en concreto hay dos. Uno, casi al final de la calle, pertenece al piso de una pareja de jóvenes, el otro, justo enfrente, es el mío. En realidad no es mío, ya que para ser exactos pertenece al piso que comparto con mi señora, Antonia, y mi hija, Antonia, pero soy yo quien pasa más horas allí, y allí, en mi balcón, me siento enteramente a mis anchas. Siempre me ha gustado tener allí mis plantas y mis cosas, y de un tiempo a esta parte salgo a fumar un cigarrillo. Al principio, cuando mi señora decretó que ya no se fumaba más dentro de la casa, debo reconocer que recibí la orden con cierto pesar, ya que a nadie le gusta que le gobiernen los vicios, pero mi señora es una mujer de armas tomar y además también fuma, de modo que me resigné. Sin embargo, no tardé en cogerle el gusto, sobre todo desde que los descubrí a ellos. Sí, esa es la palabra justa: fue un descubrimiento. Una tarde, no sería el primer día que salí al balcón a fumar pero sí uno de los primeros, estaba mirando el goteo incesante desde los helechos recién regados de la vecina del cuarto hacia la acera tres pisos más abajo cuando llamó mi atención una luz, un reflejo, un movimiento en el edificio de enfrente, y asistí a una escena que aún hoy no sé cómo explicarme. A lo largo de estos años, prácticamente desde que llegué a Barcelona -en Almería fui proyeccionista y acomodador de un cine-, me he dedicado a hacer trabajos de albañilería o fontanería en casas y negocios -siempre procuro evitar la palabra que se suele utilizar en estos casos, ya que según la acepción del diccionario de la RAE se refiere a una "persona que hace obras sin arte ni esmero"-, y créame si le digo que he visto muchas cosas asombrosas, aunque ninguna comparable a la que pude ver aquella tarde desde mi balcón. Los altos portones del balcón del edificio de enfrente daban a una habitación no muy grande que debía de ser el salón, y de la que podía verse la mitad de una lámpara viejísima, media mesa cubierta por un mantel de plástico estampado con motivos frutales, una silla y una butaca. Al fondo del salón a la izquierda se abría el pasillo, y a lo largo del mismo se encontraban la puerta del piso, a la izquierda, un cuarto intermedio y en penumbra donde parecían reposar algunos sarcófagos o ataúdes de diferentes tamaños, una puerta a la derecha, otra puerta a la izquierda, y al fondo del pasillo a la izquierda una entrada sin puerta y el principio de una galería acristalada que doblaba a la derecha. Sobre la mesa podía verse medio cuerpo de mujer, a juzgar por las piernas abiertas largas, blancas, depiladas, las bragas negras. Del pasillo irrumpió un joven alto, rubio, en pelotas. En la mano izquierda llevaba una sarten donde aún se freía algo, en la derecha, una espumadera. Estaba empalmado. Los ojos azules le brillaban de pura lujuria, o eso creyó mi mujer, ya que me dijo "Antonio, los ojos le brillan de pura lujuria". Fue entonces cuando reparé en su presencia a mi lado, embebido -según el diccionario Collins francés-español esta palabra sería un galicismo, pero me gusta- como estaba en la escena que tenía lugar a unos pocos metros de nuestras narices, y sin embargo tan lejos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Así asistimos a aquella ceremonia casi cruel, casi enferma, en la que el joven iba sacando paladas y paladas de patatas fritas, las dejaba escurrir hasta la penúltima gota de aceite mientras la respiración de la mujer se agitaba, y finalmente las iba dejando caer, y oíamos a la mujer chillar de placer a medida que los bastoncitos rebotaban sobre su cuerpo desnudo, cubriéndolo del todo. Entonces me quemé los dedos con la colilla y sólo alcancé a ver las últimas embestidas, "tan cerca de las primeras que fue imposible distinguir unas de otras", me comentó entre risas Antonia, mi mujer, ya en la cama, desvelados por el calor del agosto barceloní -una palabra catalana que a mi juicio debería adoptar el castellano aunque sólo fuera por cómo suena- y por las escenas que parecían proyectarse en el techo del dormitorio de tan recientes. A mí me hizo gracia aquel comentario porque en el fondo tenía mucho que ver con nosotros después de veintitantos años de matrimonio, cuando hacía tiempo que habíamos dejado de saber dónde empezaba mi brazo y acababa el suyo, y también me reí. "¿De qué te ríes?", quiso saber Antonia. Le respondí que de nada, le di las buenas noches y me dormí.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Al día siguiente los jóvenes desayunaron a las once de la mañana, más o menos a la hora de mi quinto cigarrillo, y la pude ver. No era tan alta como había supuesto por la longitud de sus piernas la noche anterior, pero era alta y guapa, pero no como las presentadoras de los concursos o los programas de prensa rosa que pasan en televisión. Tenía algo. Además tenía el pelo castaño tirando a rubio, los ojos marrones, los labios finos. Solía desayunar sólo con un vestido suelto que le daba frescura y dejaba intuir unas curvas turgentes -del latín &lt;em&gt;turgens&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;turgentis&lt;/em&gt;-. Solían desayunar café o té, cruasanes que él iba a comprar en cuanto se levantaba mientras ella le esperaba en la cama, y mucha fruta. Pronto decidimos ponerles nombres que sospechábamos coincidían como por arte de magia con sus verdaderos nombres. A él lo llamamos David y a ella, Laura. Cada vez fumábamos más.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Después de desayunar pasaban casi todo el día fuera de casa. Casi siempre era Laura la primera en volver, ponía música clásica o pop y se dedicaba a ir de un lado a otro, o se sentaba a fumar un porro. Luego llegaba él y preparaban la cena. Las más de las veces, cualquier día de la semana, el piso se iba llenando de gente muy variopinta, la mayoría músicos, parejas, mucho guiri, mucho gay, mucho guiri gay y un japonés, y se sentaban alrededor de la mesa, brindaban con el vino que algunos habían traído, fumaban más porros, se reían mucho, alguien tocaba el saxo y David el violonchelo o una guitarra diminuta que debía de haber traído de algún país exótico. A veces incluso bailaban. Se divertían, vaya. Esas noches tanto mi mujer y mi hija como yo nos dábamos las buenas noches como con prisa, y se seguía oyendo el murmullo de la fiesta un buen rato hasta que nos quedábamos dormidos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Algunas veces, por la mañana, salía en calzoncillos al balcón a fumarme el primer cigarrillo del día y allí estaba Laura, sentada en una silla con las piernas apoyadas en el barandal de su balcón, tomando una taza de café o té. Entonces me daba vergüenza que me viera en paños menores y me enrollaba la cortina alrededor de la cintura, lo cual debía de parecerle bastante cómico, ya que me sonreía. Sólo entonces yo también le sonreía. Y nos quedábamos así, sonriéndonos y mirándonos hasta que yo tiraba mi colilla -diminutivo de cola- o ella terminaba su café o su té.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;A veces se iban por una larga temporada, salían por la puerta y subían la calle cargados con maletas, con toda probabilidad hacia la estación de metro de Fontana y de allí a Sants o al Prat, normalmente en verano y en Navidad, por lo que dedujimos que no eran de Barcelona, puede que extremeños, paisanos o de las islas, a pesar del aspecto más bien nórdico de ambos. Volvían a principios de enero o a finales de agosto. De repente los portones del balcón estaban abiertos de par en par o una luz se encendía sin previo aviso.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9184330781086865972-3380021650641517395?l=jotapunto.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://jotapunto.blogspot.com/feeds/3380021650641517395/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9184330781086865972&amp;postID=3380021650641517395&amp;isPopup=true' title='9 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9184330781086865972/posts/default/3380021650641517395'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9184330781086865972/posts/default/3380021650641517395'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://jotapunto.blogspot.com/2007/08/el-balcn-indiscreto.html' title='Aquí vive gente'/><author><name>jotapunto</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06761732964167918998</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>9</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9184330781086865972.post-6748631728391813311</id><published>2007-08-15T00:19:00.000Z</published><updated>2007-09-16T21:31:08.808Z</updated><title type='text'>El viaje imaginario de A</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;J espera en la zona de llegadas del aeropuerto del Prat, ha pasado más de una hora desde que aterrizase el vuelo procedente de Berlín y comienza a inquietarse. Esto no es exacto, en realidad se ha despertado con un mal presentimiento que lo ha perseguido durante toda la mañana. A no vendrá. J llama a A, pero el teléfono está apagado o fuera de cobertura. De entrada, a J se le ocurren dos posibilidades que explican al menos en parte la situación:&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;1. A ha perdido el vuelo, lo que deja en el aire el hecho de que no se hayan puesto aún en contacto.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;2. A inexplicablemente no vendrá.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;El desasosiego de J comienza a anudarse en su garganta. Se pone en pie como un resorte y se dirige al mostrador de información, en donde le hacen saber que el próximo vuelo Berlín-Barcelona aún no ha despegado. J vuelve a llamar a A con idéntico resultado que cinco minutos antes. Para tranquilizarse se dice que si hubiera habido algún problema A habría llamado o enviado algún mensaje, lo que lejos de tranquilizarlo estrecha el nudo en su garganta. ¿Por qué A no ha llamado o enviado algún mensaje? ¿Por qué tiene su teléfono apagado o fuera de cobertura? Por un momento imagina a A en el asiento de ventanilla de un avión con destino a cualquier parte menos a Barcelona. Casi puede verla: el pelo castaño recogido por una cola, los grandes ojos azules entrecerrados, los brazos cruzados sobre su regazo. Le parece que quiere dormir pero no puede. Tal vez sólo quiere esconderse, que nadie la mire. De repente J nota que necesita ocuparse, distraerse. Entra en Relay y compra El País, &lt;em&gt;Llamadas telefónicas&lt;/em&gt; de Roberto Bolaño y una cajetilla de Fortuna. Antes de salir la cajera le recuerda que está prohibido fumar en el aeropuerto. Vuelve a sentarse y echa un vistazo a la portada del periódico: una ministra amenaza con no dimitir, mueren cientos de personas en Irak y una multinacional de juguetes se ve obligada a retirar del mercado millones de artículos tóxicos. Se le pasan las ganas de leerlo. Hojea el libro y se detiene en el cuento que le da título, al cabo de un rato se da cuenta de que no puede seguir y lo cierra. Vuelve a levantarse como un resorte y sale a fumar un cigarrillo. Afuera hace calor, hay un gran revuelo de taxis amarillos y negros, guaguas, personas que vienen y van tirando de maletas o de otras personas. J lo mira todo con extrañeza y asombro. Suena el teléfono y algo le da un vuelco dentro. Y algo le cae a los pies cuando comprueba que es D quien llama. D quiere saber qué pasa, si el avión llega con retraso. J le dice que no sabe qué pasa, pero que algo pasa y no es bueno. D no dice nada y J aprovecha para prometer una llamada en cuanto todo se solucione. Se despiden y cuelga. Entonces J vuelve a la terminal y se acerca al primer mostrador de Last Time, pregunta por el próximo vuelo a Berlín y está a punto de comprar el billete, pero en el último momento, el DNI y la tarjeta de crédito en la mano, no lo hace. En vano vuelve a intentar comunicarse con A. Un pitido lo avisa de que la batería de su móvil amenaza con gastarse. Al cabo de cuatro horas el móvil se apaga. Ya es de noche cuando J decide volver a Barcelona, sobre un asiento vacío quedan una cajetilla arrugada y un periódico intacto.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9184330781086865972-6748631728391813311?l=jotapunto.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://jotapunto.blogspot.com/feeds/6748631728391813311/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9184330781086865972&amp;postID=6748631728391813311&amp;isPopup=true' title='10 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9184330781086865972/posts/default/6748631728391813311'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9184330781086865972/posts/default/6748631728391813311'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://jotapunto.blogspot.com/2007/08/el-viaje-imaginario-de.html' title='El viaje imaginario de A'/><author><name>jotapunto</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06761732964167918998</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>10</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9184330781086865972.post-1858933572217924244</id><published>2007-08-11T12:40:00.000Z</published><updated>2007-08-12T11:40:22.357Z</updated><title type='text'>Carpe diem</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Mientras nos desayunamos el pan de ayer, los cruasanes fresquitos que compré esta mañana se ponen todos maníos.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9184330781086865972-1858933572217924244?l=jotapunto.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://jotapunto.blogspot.com/feeds/1858933572217924244/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9184330781086865972&amp;postID=1858933572217924244&amp;isPopup=true' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9184330781086865972/posts/default/1858933572217924244'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9184330781086865972/posts/default/1858933572217924244'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://jotapunto.blogspot.com/2007/08/carpe-diem_11.html' title='Carpe diem'/><author><name>jotapunto</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06761732964167918998</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9184330781086865972.post-7138441837470273058</id><published>2007-08-07T00:54:00.000Z</published><updated>2007-10-10T21:03:05.617Z</updated><title type='text'>Alegría del incendio</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;La vida no te prepara para los encuentros fortuitos, inesperados. La vida, con su carga de cotidianeidad, de rutina, te ofrece la mayor parte del tiempo las mismas caras y conversaciones, los mismos gestos, el mismo idéntico hastío. Esto explica algunas cosas, pero sobre todo la vulnerabilidad y el asombro que pueden experimentarse cuando después de un salto alguien te muerde la mejilla, cuando en mitad del incendio te llueven besos. Eso puede pasar. En una situación así uno sólo puede confiarse a la intuición, al instinto de supervivencia.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Y sobrevivir cuando la fiesta se desarrolla por los cauces esperados, se baila, se bebe cerveza, se baja a la playa, se nada hasta el faro, se vuelve como si nada, como una hoja que arrastra la corriente hasta la orilla, y se fuma, se vuelve a la fiesta, se beben cubatas, y de repente después de un salto aparece ella y me muerde la mejilla, y los contornos de cuanto nos rodea se desdibujan, y el ruido queda amortiguado. Durante una hora o un siglo me dejo llevar de su mano a través de esta suspensión anestesiada: bailamos y bajamos a la playa, bebemos cerveza y nadamos, y en el mar parecemos de oro, y en la orilla nos sentamos, nos besamos, nos mentimos, y parece de verdad. Nos despedimos con prisas, esquivando un apego que no hubiéramos agradecido. Una hora o un siglo después me voy sin el hilo invisible de mi mejor truco de magia. Ella se queda sentada de espaldas a la orilla, en pie de guerra y abrazada al azar. Al fin y al cabo el gusto fue sólo nuestro.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;                                            &lt;object width="320" height="266" class="BLOG_video_class" id="BLOG_video-64b609f81e3f29" classid="clsid:D27CDB6E-AE6D-11cf-96B8-444553540000" codebase="http://download.macromedia.com/pub/shockwave/cabs/flash/swflash.cab#version=6,0,40,0"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/get_player"&gt;&lt;param name="bgcolor" value="#FFFFFF"&gt;&lt;param name="allowfullscreen" value="true"&gt;&lt;param name="flashvars" value="flvurl=http://v18.nonxt3.googlevideo.com/videoplayback?id%3D0064b609f81e3f29%26itag%3D5%26app%3Dblogger%26ip%3D0.0.0.0%26ipbits%3D0%26expire%3D1329948893%26sparams%3Did,itag,ip,ipbits,expire%26signature%3D2D76A5502F2604AA83E00B12ECDB8C8C2E93C969.7A94FC0E611F01C90DCE3EA91BD976F2FF490DF3%26key%3Dck1&amp;amp;iurl=http://video.google.com/ThumbnailServer2?app%3Dblogger%26contentid%3D64b609f81e3f29%26offsetms%3D5000%26itag%3Dw160%26sigh%3Da5PP3w3TdbAEuANF6oMTHGB1Mfg&amp;amp;autoplay=0&amp;amp;ps=blogger"&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/get_player" type="application/x-shockwave-flash"width="320" height="266" bgcolor="#FFFFFF"flashvars="flvurl=http://v18.nonxt3.googlevideo.com/videoplayback?id%3D0064b609f81e3f29%26itag%3D5%26app%3Dblogger%26ip%3D0.0.0.0%26ipbits%3D0%26expire%3D1329948893%26sparams%3Did,itag,ip,ipbits,expire%26signature%3D2D76A5502F2604AA83E00B12ECDB8C8C2E93C969.7A94FC0E611F01C90DCE3EA91BD976F2FF490DF3%26key%3Dck1&amp;iurl=http://video.google.com/ThumbnailServer2?app%3Dblogger%26contentid%3D64b609f81e3f29%26offsetms%3D5000%26itag%3Dw160%26sigh%3Da5PP3w3TdbAEuANF6oMTHGB1Mfg&amp;autoplay=0&amp;ps=blogger"allowFullScreen="true" /&gt;&lt;/object&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9184330781086865972-7138441837470273058?l=jotapunto.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='enclosure' type='video/mp4' href='http://www.blogger.com/video-play.mp4?contentId=64b609f81e3f29&amp;type=video%2Fmp4' length='0'/><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://jotapunto.blogspot.com/feeds/7138441837470273058/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9184330781086865972&amp;postID=7138441837470273058&amp;isPopup=true' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9184330781086865972/posts/default/7138441837470273058'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9184330781086865972/posts/default/7138441837470273058'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://jotapunto.blogspot.com/2007/08/la-vida-no-te-prepara-para-los.html' title='Alegría del incendio'/><author><name>jotapunto</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06761732964167918998</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9184330781086865972.post-2483458827981087159</id><published>2007-07-27T12:10:00.000Z</published><updated>2008-12-09T09:00:29.199Z</updated><title type='text'>Verídico (2)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_LL7kx5rzLfM/Rq8IKcFkWLI/AAAAAAAAAGU/bmPCOEjNnis/s1600-h/Silla.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5093298679010580658" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 112px; CURSOR: hand; HEIGHT: 204px" height="172" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_LL7kx5rzLfM/Rq8IKcFkWLI/AAAAAAAAAGU/bmPCOEjNnis/s200/Silla.jpg" width="110" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Una señora encuentra una silla abandonada junto a un contenedor de basura y la rescata. En ese momento mira a su alrededor y tropieza con la mirada, que considera reprobatoria, de algunos viandantes, de modo que empieza a justificarse en voz alta. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Está como nueva, oigan. Si nadie la quiere, ya la aprovecho yo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Diga usted que sí -interviene una señora que se ha parado a su lado y examina con atención el botín-. Si la deja ahí, no tardará en llevársela cualquiera.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Es que está como nueva, mire.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Claro, mujer, lo mejor que puede hacer -corean al unísono otras dos señoras que pasean cogidas del brazo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-¿Y saben lo que les digo? -zanja la señora, silla en mano, mientras el grupito empieza a disgregarse-, que si de camino a casa me canso, pues me siento.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9184330781086865972-2483458827981087159?l=jotapunto.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://jotapunto.blogspot.com/feeds/2483458827981087159/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9184330781086865972&amp;postID=2483458827981087159&amp;isPopup=true' title='7 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9184330781086865972/posts/default/2483458827981087159'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9184330781086865972/posts/default/2483458827981087159'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://jotapunto.blogspot.com/2007/06/verdico-y-2.html' title='Verídico (2)'/><author><name>jotapunto</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06761732964167918998</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_LL7kx5rzLfM/Rq8IKcFkWLI/AAAAAAAAAGU/bmPCOEjNnis/s72-c/Silla.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9184330781086865972.post-1307093435189507579</id><published>2007-06-24T17:01:00.003Z</published><updated>2009-12-18T08:40:33.896Z</updated><title type='text'>Días de 2001</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Habíamos quedado en un 24 horas antes de ir a la playa con la intención de hacer una vaquita y comprar unas cuantas botellas de ron, vasos de plástico, una bolsa de hielo. Era la noche de San Juan. Gloria se abrió paso entre el revuelo de gente precedida por su novio, un tipo amigo de un amigo que nos la presentó. Llevaba un vestido celeste y parecía que acababa de encontrarla abandonada en una gasolinera, los ojos azules enormes, cierto desamparo en la mirada, el pelo lacio, rubio, revuelto. Hablamos y pensé que me había precipitado, que en realidad se trataba de una persona apacible, a ratos muy divertida. En aquellos días de 2001 yo sentía una poderosa e inexplicable atracción por los acentos peninsulares, y su apellido, Sevilla, contribuía en gran medida. Creo que nunca le pregunté de dónde venía, y si lo hice lo he olvidado. Mejor así. La memoria es injusta, falsea los hechos, los convierte en recuerdos. Nos vende, en fin, las postales de nuestra vida. Gloria con su vestido celeste, su mirada triste, y un pie de foto o un texto en el reverso. Este texto. Tal vez aquella noche ni siquiera estaba triste. Ella en cualquier caso no se acordaría.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Lo que sí recuerdo con claridad es que mi vida entonces era un completo desastre. Salía con una loca de atar de la que creía estar enamorado, una relación bastante enfermiza que amenazaba con acabar conmigo. Dormía poco, apenas dos o tres horas. Pasaba el resto del día como un sonámbulo. Si conseguía llegar a clase lo hacía invariablemente tarde, en casa me pegaba al teléfono a esperar su llamada. En ocasiones deseé apagarme. Deseé que en la cara interior de mi antebrazo izquierdo hubiera un pequeño interruptor que al pulsarse apagara mis constantes vitales. Así de sencillo. Ahora me parece bastante ridículo y lamentable, pero en aquel momento era tan real que daba miedo. Por eso en cuanto se me presentó una oportunidad me di a la fuga. Así fue como acabé en Milán con una beca Erasmus en el bolsillo, pero antes pasó un verano entero sin volver a ver a Gloria.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Nos encontramos por casualidad una noche de diciembre, yo había vuelto a la isla apenas una semana antes. Después de haber dejado a mi loca en el portal de su casa, de camino a la mía encontré a Gloria. Reinaba detrás de la barra del único bar que vi abierto en compañía de un gato blanquinegro que dormitaba sobre un taburete alto. Entré sin pensármelo dos veces. Tomé algunas cervezas y ella me dedicó los pocos momentos en que podía darse un respiro. Hablamos, el gato a veces nos echaba un vistazo aburrido y bostezaba. Llegados a un cierto punto le pregunté qué planes tenía para después del cierre, la invité a tomar algo. Me pidió que esperase en la puerta a que terminase de recoger. No tardó mucho, o no recuerdo haberme impacientado. Recuerdo, eso sí, que ya entonces estaba algo achispado, y que me dediqué a hacer planes maestros mediante los que no tenía muy claro qué esperaba obtener.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Me ofreció un casco que sacó del portabultos bajo el asiento, montamos en su moto e hicimos el primer viaje al fin de la noche. Recorrimos dos o tres calles vacías hasta dar con La Mala Vida, donde nos aseguraron que tardarían todavía una hora más en cerrar. Hoy La Mala Vida no existe y es una prueba palpable de que el tiempo pasa, y sobre todo de que tal vez esa noche fue una encrucijada que no supimos resolver.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Nos sentamos al fondo del pasillo largo y estrecho que era aquel bar, en un sofá sobre una suerte de escenario o tarima de madera negra, entre pies de micro y amplificadores. Entonces Gloria me puso un dedo en la boca.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Shhh, escucha, seguro que todavía se puede escuchar el eco del eco de una canción -me susurró al oído y a continuación empezó a canturrear algo ligeramente conocido, la sintonía de un canal, de un programa o de una serie de televisión.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-¿Cómo puedes acordarte de eso?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-¿No te he dicho que no tengo memoria? Hay años de mi vida que no recuerdo, pero las canciones están ahí y ocupan casi todo el espacio disponible -confesó abriendo mucho los ojos. Nos besamos. A nuestro alrededor se deslizaban sombras, se oían ruidos, alguien que empujaba con mucho esfuerzo un mueble enorme de un lado a otro de una habitación minúscula. De reojo La Mala Vida parecía desdibujarse, estar siendo desmontado pieza a pieza como el decorado de una película cuyo rodaje ha llegado a su fin, y no nos importaba.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Al salir un manotazo frío nos golpeó la cara y nos asedió en vano durante todo el trayecto a mi apartamento. Atravesamos en silencio la ciudad de punta a punta, callados como fugitivos, apenas delatados por el runrún sedante del motor. Recuerdo que me gustaba estar abrazado a su espalda, sentir su respiración, los brazos estrechando su cintura. En algún momento quise pedirle que siguiésemos adelante, que no aparcase. Subimos en el ascensor sin mediar palabra, entramos en el piso de puntillas, furtivos, como si fuera el de otra persona. Algo en el pecho amenazaba con explotar a medida que iba quedando expuesta su piel suave, fresca, blanca como el otoño. Como una promesa, pensé muy a mi pesar.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Amanecía cuando desperté y comprobé que Gloria no estaba a mi lado. Del salón en el ángulo oscuro llegaba el rumor apagado de la televisión encendida. La encontré allí, viendo una película de dibujos animados, acurrucada en el sofá, la cabeza apoyada en las manos. Había reaparecido la mirada triste, el desamparo. Puede que sólo estuviera cansada. Hablamos de irnos a vivir juntos, de tener un elefante a modo de mascota, uno pequeño y amaestrado que nos trajera el periódico a la cama. Teníamos casi veinte años. De la mano volvimos a la cama, y en la penumbra del cuarto nos soltamos, nos perdimos.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9184330781086865972-1307093435189507579?l=jotapunto.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://jotapunto.blogspot.com/feeds/1307093435189507579/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9184330781086865972&amp;postID=1307093435189507579&amp;isPopup=true' title='10 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9184330781086865972/posts/default/1307093435189507579'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9184330781086865972/posts/default/1307093435189507579'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://jotapunto.blogspot.com/2007/06/das-de-2001.html' title='Días de 2001'/><author><name>jotapunto</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06761732964167918998</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>10</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9184330781086865972.post-3031829798064985704</id><published>2007-06-16T15:58:00.000Z</published><updated>2007-06-18T11:16:13.590Z</updated><title type='text'>Sereno</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Hace poco una amiga que está lejos me escribió para hacerme saber entre otras cosas que me imaginaba sereno, sereno, en mi isla. Me gustó esa imagen de mí mismo, el reflejo deseado: empecé a imaginarme sereno en mi isla. Luego empecé a buscarme sereno en mi isla. Fui a la playa cada día, en soledad amena y en compañía, incluso fui a votar en unas elecciones municipales y autonómicas, pero la serenidad no es tan fácil de encontrar, por no hablar de encontrarse a uno mismo. Por no hablar.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9184330781086865972-3031829798064985704?l=jotapunto.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://jotapunto.blogspot.com/feeds/3031829798064985704/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9184330781086865972&amp;postID=3031829798064985704&amp;isPopup=true' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9184330781086865972/posts/default/3031829798064985704'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9184330781086865972/posts/default/3031829798064985704'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://jotapunto.blogspot.com/2007/06/sereno.html' title='Sereno'/><author><name>jotapunto</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06761732964167918998</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9184330781086865972.post-8518636432086985893</id><published>2007-06-05T19:39:00.000Z</published><updated>2007-08-11T13:03:59.499Z</updated><title type='text'>Verídico (1)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Tres amigos franceses deciden viajar a España en verano. Uno de ellos propone Sevilla, porque allí vive una sevillana con la que coincidió en un instituto de Lyon -ella en calidad de auxiliar de conversación, él como profesor a secas-, y porque ha oído que tiene un color que es especial y que el corazón que a Triana va nunca volverá. Ni cortos ni perezosos, sino más bien todo lo contrario -no olvidemos que son franceses-, se plantan en la capital andaluza, ufanos de sus conocimientos de la lengua de Cervantes, ávidos por ponerlos en práctica, sobre todo para seducir a desprevenidas españolitas. Sin embargo, pronto llegan a la conclusión de que las españolitas están más avisadas de lo que creían, y además demuestran una agilidad innata para darles largas en cuanto detectan los grados de alcohol en sangre por hora a los que son capaces de llegar -no olvidemos, una vez más, que son franceses-. Una mañana, mientras sufren una considerable resaca, apretados en el sofá del salón de la casa de la sevillana, aparece en escena todavía somnoliento el hermano de esta y se apresuran a hacer gala de su correcto español de manual de secundaria preguntándole qué tal está.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Po..., na'. Aquí 'tamos -se limita a responder el chico, descolocándolos para siempre.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9184330781086865972-8518636432086985893?l=jotapunto.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://jotapunto.blogspot.com/feeds/8518636432086985893/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9184330781086865972&amp;postID=8518636432086985893&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9184330781086865972/posts/default/8518636432086985893'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9184330781086865972/posts/default/8518636432086985893'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://jotapunto.blogspot.com/2007/06/verdico.html' title='Verídico (1)'/><author><name>jotapunto</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06761732964167918998</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9184330781086865972.post-86559541400568465</id><published>2007-05-28T13:46:00.000Z</published><updated>2008-12-09T09:00:29.477Z</updated><title type='text'>Surrealista</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_LL7kx5rzLfM/Rq4IfMFkWII/AAAAAAAAAF8/XRRCLUMiGaU/s1600-h/Beckett.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5093017560516155522" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 104px; CURSOR: hand; HEIGHT: 112px" height="225" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_LL7kx5rzLfM/Rq4IfMFkWII/AAAAAAAAAF8/XRRCLUMiGaU/s200/Beckett.jpg" width="178" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Si Francia fuera un género literario, sería teatro del absurdo. No en vano, tanto Ionesco como Beckett, los autores más representativos de dicho género, abandonaron su Rumanía y su Irlanda natales para afincarse en París. Ambos están enterrados en Montparnasse. Creo que esta querencia se explica porque sólo en Francia es posible un diálogo imaginado por Beckett. Cabría entonces preguntarse si imaginó alguna vez alguno de sus diálogos o se limitó a transcribir cuanto escuchaba en las calles de París, si bien lo único seguro es que en ningún otro lugar del mundo podía empaparse tanto de absurdo como allí. De hecho, el propio Beckett solía contar que en el juicio contra Prudent, un proxeneta que le había apuñalado en el pecho dejándolo al borde de la muerte, cuando fue interrogado por los motivos que le habían llevado a la agresión, se limitó a responder: &lt;em&gt;Je ne sais pas, Monsieur, je me excuse&lt;/em&gt;. Está claro, en el fondo era un buen tipo. Y además muy bien educado. Sólo los franceses son capaces de ser educadamente groseros. Absurdo. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_LL7kx5rzLfM/Rq4K38FkWKI/AAAAAAAAAGM/cZF_xLvsMWw/s1600-h/Rivero.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5093020184741173410" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 108px; CURSOR: hand; HEIGHT: 124px" height="163" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_LL7kx5rzLfM/Rq4K38FkWKI/AAAAAAAAAGM/cZF_xLvsMWw/s200/Rivero.jpg" width="114" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Canarias, en cambio, es puro surrealismo. No en vano, en Tenerife, de hecho, se organizó la primera exposición surrealista de España, a la que acudió el mismísimo Breton. Es evidente que desde entonces el surrealismo ha mantenido un profundo arraigo en Canarias: sólo a través de la escritura automática puede explicarse que CC siga teniendo opciones de gobierno después de todo. Surrealista.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9184330781086865972-86559541400568465?l=jotapunto.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://jotapunto.blogspot.com/feeds/86559541400568465/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9184330781086865972&amp;postID=86559541400568465&amp;isPopup=true' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9184330781086865972/posts/default/86559541400568465'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9184330781086865972/posts/default/86559541400568465'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://jotapunto.blogspot.com/2007/05/las-horas-muertas.html' title='Surrealista'/><author><name>jotapunto</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06761732964167918998</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_LL7kx5rzLfM/Rq4IfMFkWII/AAAAAAAAAF8/XRRCLUMiGaU/s72-c/Beckett.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9184330781086865972.post-3448687916830936458</id><published>2007-04-03T15:02:00.000Z</published><updated>2008-12-09T09:00:29.807Z</updated><title type='text'>Miss Saint-Pol 2007</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_LL7kx5rzLfM/RhNm1x07c2I/AAAAAAAAAE0/ZXWZUCFxrJ4/s1600-h/IMG_1596.JPG"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5049492681306895202" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_LL7kx5rzLfM/RhNm1x07c2I/AAAAAAAAAE0/ZXWZUCFxrJ4/s320/IMG_1596.JPG" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Bien, ha llegado la primavera incluso a Saint-Pol. La dorada primavera de cielos despejados que altera la sangre, y yo encantado porque al mismo tiempo señala el principio del fin de mi estancia aquí. Y con la primavera, los &lt;em&gt;saint-poloises&lt;/em&gt; -léase sempuluá- han inaugurado la estación de los bailes. El sábado pasado fui invitado a uno y por una serie de imperativos no tuve más remedio que asistir. Llegamos los primeros: una profesora del instituto y sus dos hijas pequeñas, la auxiliar irlandesa y yo. Nos recibieron los organizadores del evento, un matrimonio local. Él era el acordeonista de la banda y ella, micrófono en mano, explicaba los bailes. Se apresuraron a hacernos saber que además son padres de tres de nuestros alumnos, unos trillizos de lo más curiosos, dos chicas y un chico.&lt;br /&gt;-No paran de hablar de ti -aseguró ella a continuación con una sonrisita que no supe cómo interpretar.&lt;br /&gt;Mientras la sala se llenaba de gente me dediqué a leer unas cartulinas pegadas en las paredes en las que se ofrecía la lista de precios. Refrescos a dos euros, un vaso de sidra también a dos euros. La botella de sidra a tres euros.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_LL7kx5rzLfM/RhNnAx07c3I/AAAAAAAAAE8/ga-cm_Lm0sQ/s1600-h/IMG_1456.JPG"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5049492870285456242" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_LL7kx5rzLfM/RhNnAx07c3I/AAAAAAAAAE8/ga-cm_Lm0sQ/s320/IMG_1456.JPG" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;En cuanto hubo suficiente público empezó el concierto con un tema tradicional escocés, al que le siguieron otras composiciones escocesas e irlandesas. Poco después la madre de los trillizos empezó a dar instrucciones. Logré escaquearme del primer baile con la coartada de hacer algunas fotos, pero para el segundo no hubo escapatoria. Los &lt;em&gt;saint-poloises&lt;/em&gt; pueden ser muy persuasivos. De entrada, te preguntan si bailas. Si respondes que no, sencillamente te agarran y te lanzan al centro de la pista, donde, dadas las características del baile en cuestión, pasas de brazo en brazo sin apenas darte tiempo a preguntarte qué ha pasado y dónde está tu vaso de plástico lleno de sidra. Además, la música nunca se detiene, sólo cambia, de modo que una vez dentro no puedes salir. No pude evitar acordarme de la canción de Jacques Brel, de cuya letra puedo confirmar que los flamencos, en efecto, bailan sin articular palabra, casi sin sonreír y, por supuesto, siempre sin parar. Me llevó un buen rato asimilar que el baile consistía en dar cuatro pasos hacia delante llevando de la mano a tu pareja, luego otros cuatro pasos hacia delante pero de espaldas, luego cambiabas de lado con tu pareja, luego te acercabas a ella de un saltito, y luego volvías a cambiar de lado, sólo que en esa segunda ocasión en lugar de la persona con quien ya habías recorrido ocho pasos y dado un saltito -lo que en Escocia, según me confirmó la irlandesa, equivale a una declaración de amor eterno-, aparecía otra persona como por arte de magia. Yo, por ejemplo, había empezado a bailar con la madre de los trillizos, seguramente ilusionada ante la perspectiva de dar la vuelta a la tortilla -francesa, por supuesto- y ser ella por una vez la que no parase de hablar de mí -a lo que yo colaboraba con mi poca destreza-, cuando, al cambiar de lado por segunda vez, ¡zas!, aparece cogida a mi mano una abuela de sonrisa conmovedora. Cuando me había hecho al tacto de mi nueva pareja, nuevo cambio de lado y ¡hop!: aparece colgada de mi mano una niña diminuta de unos cinco años, y así sucesivamente hasta haber bailado con medio pueblo. La música, lejos de parecer a punto de terminar, iba in crescendo cuando, de repente, segundo cambio de lado y, en lugar de Madame Moustache, la bigotuda empleada del estanco donde compro El País del domingo cada lunes, ¡bum!, aparece de mi mano una belleza digna de pasear su porte por la pasarela de París. No lo dudé ni un segundo, tenía que ser Miss Saint-Pol 2007. Me dedicó una sonrisa cuando dimos el saltito y por un momento de enajenación mental transitoria quise pasar el resto de mi vida aquí, pero afortunadamente al cabo de un rato la música cesó, y con ella el baile. Adiós Saint-Pol.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9184330781086865972-3448687916830936458?l=jotapunto.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://jotapunto.blogspot.com/feeds/3448687916830936458/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9184330781086865972&amp;postID=3448687916830936458&amp;isPopup=true' title='7 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9184330781086865972/posts/default/3448687916830936458'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9184330781086865972/posts/default/3448687916830936458'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://jotapunto.blogspot.com/2007/04/miss-saint-pol-2007.html' title='Miss Saint-Pol 2007'/><author><name>jotapunto</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06761732964167918998</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_LL7kx5rzLfM/RhNm1x07c2I/AAAAAAAAAE0/ZXWZUCFxrJ4/s72-c/IMG_1596.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9184330781086865972.post-7384356621847436788</id><published>2007-03-07T08:46:00.000Z</published><updated>2008-12-09T09:00:29.921Z</updated><title type='text'>Hasta la vista</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_LL7kx5rzLfM/Rq8IpsFkWMI/AAAAAAAAAGc/bntoz9ArMBI/s1600-h/Gafas.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5093299215881492674" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 188px; CURSOR: hand; HEIGHT: 91px" height="89" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_LL7kx5rzLfM/Rq8IpsFkWMI/AAAAAAAAAGc/bntoz9ArMBI/s200/Gafas.jpg" width="168" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; &lt;span style="color:#333333;"&gt;Todo empezó el lunes por la noche. Me disponía a poner un CD cuando, al abrir la portezuela del reproductor, ésta, en una suerte de efecto dominó, dio un &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_1"&gt;&lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_1"&gt;empujoncito&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; a mis gafas, que se deslizaron hacia el borde de la mesa y se precipitaron sin remedio, atraídas por la fuerza de la gravedad hasta el suelo, donde se rompió el cristal de su lente derecha con gran estrépito. El &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_2"&gt;CD&lt;/span&gt; en cuestión, lo digo por si este dato puede ofrecer alguna pista reveladora a la hora de esclarecer el caso, era la "Sinfonía del Nuevo Mundo" de &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_3"&gt;&lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_3"&gt;Dvořák&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;. A primera hora de la mañana siguiente me personé sin falta en la óptica, donde me aseguraron que la reparación no estaría terminada antes de cinco días laborables. La dependienta y yo hicimos juntos la cuenta, a saber: miércoles -y yo me pregunté qué habría sido del martes-, jueves, viernes...&lt;br /&gt;-¿Sábado? -me aventuré, en un arrebato de optimismo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#333333;"&gt;La dependienta negó con la cabeza y una media sonrisa.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#333333;"&gt;-Pero el lunes me voy a Francia, ¿no podrían darse prisa?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#333333;"&gt;Mientras marcaba un número en el teléfono del mostrador, me preguntó si me iba por una semana o si me iba..., me iba.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#333333;"&gt;-Me voy..., me voy -respondí.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#333333;"&gt;Acto seguido habló con alguien al otro lado de la línea que le confirmó que es un trabajo de cinco días y punto. Al colgar quiso saber si contaba con alguna persona que pudiese recogerlas y mandármelas por correo. Asentí.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#333333;"&gt;-Consuélate, bobito -me dijo-, en Francia esto te saldría por un ojo de la cara. ¿En efectivo o con tarjeta?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#333333;"&gt;-Tarjeta.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#333333;"&gt;-Esta foto te hace mayor -opinó con mi DNI en la mano.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#333333;"&gt;Quise decirle que se debía a que me hice la foto en cuestión con las gafas puestas, las que se rompieron el lunes por la noche, y a que había ido a la óptica con mis viejas gafas, que precisamente por eso me hacen más joven, además de darme un considerable dolor de cabeza y hacerme ver el mundo diferente. De hecho, el lunes espero aterrizar en París y en la estación equivocar el tren y no llegar a Saint-Pol, sino a un pueblo donde no se viva en permanente alerta amarilla y los días de huelga nadie acuda a su puesto de trabajo. A lo mejor aterrizaré en otro país o en otro planeta. Hasta la vista.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9184330781086865972-7384356621847436788?l=jotapunto.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://jotapunto.blogspot.com/feeds/7384356621847436788/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9184330781086865972&amp;postID=7384356621847436788&amp;isPopup=true' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9184330781086865972/posts/default/7384356621847436788'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9184330781086865972/posts/default/7384356621847436788'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://jotapunto.blogspot.com/2007/03/hasta-la-vista.html' title='Hasta la vista'/><author><name>jotapunto</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06761732964167918998</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_LL7kx5rzLfM/Rq8IpsFkWMI/AAAAAAAAAGc/bntoz9ArMBI/s72-c/Gafas.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9184330781086865972.post-5057348900016508509</id><published>2007-02-21T07:50:00.000Z</published><updated>2007-05-23T10:49:01.351Z</updated><title type='text'>Un día de huelga</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#333333;"&gt;Ayer fue día de huelga en mi instituto, por eso se presentaron más profesores que de costumbre, incluso el que llevaba más de una semana ausente por un catarro. Sí, ya sé que circula el tópico de que Francia es el país con mayor índice de movilizaciones, o paralizaciones, tanto da, en cuanto a reivindicaciones varias se refiere. Al fin y al cabo, mayo del 68 se gestó en París, por no hablar de la Revolución francesa y de esa otra revolución que debemos a los hermanos Lumière. Con esto del cine también son muy suyos. El otro día en clase un alumno me aseguró que Disney es francés. Intenté hacerles ver su error y me miraron como si estuviera loco. De modo que Mickey Mouse es francés, ya lo saben, por no hablar de Shrek y de Picasso, que también dibujaba lo suyo.&lt;br /&gt;En cualquier caso, y para retomar la cuestión palpitante, aún recuerdo un comentario que hizo un auxiliar de conversación ya veterano en la cola de última hora para entregar los impresos de solicitud de plaza.&lt;br /&gt;-Con tanta huelga, al final sólo trabajé un día el año pasado -me dijo para justificar su reincidencia.&lt;br /&gt;Le creí y me dije “esta es la mía”. Y aquí estoy para darme cuenta de que la huelga francesa es más cuantitativa que cualitativa, es decir, importa mantener elevado el porcentaje y que el resto del mundo piense que el carácter del francés es indomable, cuando lo cierto es que no se mueve ni se paraliza nada. Al contrario, los muy japoneses. Con lo bien que queda un país entero en huelga, que es como un día regalado y se disfruta el doble, se desayuna en la cama y se organizan comidas familiares, y se sale a tomar cañas con los amigos o al cine a ver una película francesa de dibujos animados. A mí, por ejemplo, me hubiera gustado ir al cine ayer, pero fue día de huelga y tuve que trabajar como el que más. &lt;em&gt;C’est la vie&lt;/em&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9184330781086865972-5057348900016508509?l=jotapunto.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://jotapunto.blogspot.com/feeds/5057348900016508509/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9184330781086865972&amp;postID=5057348900016508509&amp;isPopup=true' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9184330781086865972/posts/default/5057348900016508509'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9184330781086865972/posts/default/5057348900016508509'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://jotapunto.blogspot.com/2007/02/un-da-de-huelga.html' title='Un día de huelga'/><author><name>jotapunto</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06761732964167918998</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9184330781086865972.post-7902267537117295189</id><published>2007-02-09T17:37:00.000Z</published><updated>2007-06-17T21:21:21.856Z</updated><title type='text'>Asincronía</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#333333;"&gt;El problema es que vivimos &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_0"&gt;asincronizados&lt;/span&gt;. A, por ejemplo, compra seis litros de agua cada lunes, que carga &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_1"&gt;religiosamente&lt;/span&gt; a pie el medio kilómetro que separa el &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_2"&gt;hipermercado&lt;/span&gt; de su casa, pero A es joven y fuerte. Sin embargo, B hace lo mismo, es decir, compra sus seis litros de agua semanales, sólo que de una marca más barata -ya que para B el agua es insípida, además de incolora e inodora-, cada martes o miércoles y en coche. A y B viven en el mismo edificio, de hecho B ha visto en más de una ocasión a A cargar &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_3"&gt;religiosamente&lt;/span&gt; sus seis litros de agua, a veces bajo la lluvia, a veces incluso contra viento y marea -el Paseo Marítimo no queda lejos-. Incluso en ocasiones A acompaña a B al &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_4"&gt;hipermercado&lt;/span&gt; un martes o un miércoles, en función de sus horas muertas, ya que a A le gusta que B le deje elegir la emisora de la radio los diez minutos, cinco ida y cinco vuelta, que dura el trayecto. ¿Qué impide a A y a B ponerse de acuerdo? A responderá sorprendida que porque se queda sin agua invariablemente el domingo por la noche. B replicará que las cosas son como son y no hay más vueltas que darle. Ni ellos mismos lo saben: están &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_5"&gt;asincronizados&lt;/span&gt;, como cuando la canción que escuchas dura un segundo más que la hora que marca el reloj o la foto sale movida. Así nos va.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9184330781086865972-7902267537117295189?l=jotapunto.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://jotapunto.blogspot.com/feeds/7902267537117295189/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9184330781086865972&amp;postID=7902267537117295189&amp;isPopup=true' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9184330781086865972/posts/default/7902267537117295189'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9184330781086865972/posts/default/7902267537117295189'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://jotapunto.blogspot.com/2007/02/asincrona.html' title='Asincronía'/><author><name>jotapunto</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06761732964167918998</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9184330781086865972.post-1510496527991936046</id><published>2007-02-01T16:39:00.000Z</published><updated>2008-12-09T09:00:30.097Z</updated><title type='text'>Zona catastrófica</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5026608589449537282" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_LL7kx5rzLfM/RcIZ4UcRJwI/AAAAAAAAADc/1A8sWTI5JaI/s200/Sans+titre.JPG" border="0" /&gt;&lt;span style="color:#333333;"&gt;Yo ya lo sospechaba, pero sólo he podido confirmarlo cuando han decretado la segunda alerta naranja este mes: Saint-Pol es zona catastrófica, o, por lo menos, zona propensa a la catástrofe. Para los que todavía no sepan de qué va una alerta naranja, es la que se encuentra entre la amarilla y la roja (¿dos amarillas serán una roja?). La primera alerta naranja la provocó el Kyril y sus ventoleras huracanadas de hasta cien kilómetros por hora. Qué tío el Kyril. La segunda, las intensas nevadas. Imagino que decretarán alerta roja cuando Godzilla arrase el centro de este pueblo. Pero eso no es lo peor, no. Lo más inquietante, por lo que he podido averiguar, es que vivimos cotidianamente en alerta amarilla. Nunca se sabe.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9184330781086865972-1510496527991936046?l=jotapunto.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://jotapunto.blogspot.com/feeds/1510496527991936046/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9184330781086865972&amp;postID=1510496527991936046&amp;isPopup=true' title='11 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9184330781086865972/posts/default/1510496527991936046'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9184330781086865972/posts/default/1510496527991936046'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://jotapunto.blogspot.com/2007/02/zona-catastrfica_4781.html' title='Zona catastrófica'/><author><name>jotapunto</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06761732964167918998</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_LL7kx5rzLfM/RcIZ4UcRJwI/AAAAAAAAADc/1A8sWTI5JaI/s72-c/Sans+titre.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>11</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9184330781086865972.post-3342900342675096868</id><published>2007-01-27T08:57:00.001Z</published><updated>2008-04-18T09:40:39.125Z</updated><title type='text'>A pierna suelta</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#333333;"&gt;He descubierto que si durante el sueño se me destapa una pierna, o, como &lt;span class="blsp-spelling-corrected" id="SPELLING_ERROR_0"&gt;mínimo&lt;/span&gt;, un pie, al cabo de un rato me despierta invariablemente un incipiente dolor en la garganta, de lo que he deducido que el cuerpo humano es una suerte de sistema en serie, como las &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_1" onclick="BLOG_clickHandler(this)"&gt;bombillitas&lt;/span&gt; navideñas que, todas juntas, dibujan, por ejemplo, un Papá &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_2" onclick="BLOG_clickHandler(this)"&gt;Noel&lt;/span&gt; colgado. En cualquier caso, yo &lt;span class="blsp-spelling-corrected" id="SPELLING_ERROR_3"&gt;preferiría&lt;/span&gt; que el cuerpo humano fuera menos en serie y más en serio, o en paralelo, como los grupos de gobierno, a &lt;span class="blsp-spelling-corrected" id="SPELLING_ERROR_4"&gt;excepción&lt;/span&gt; de los de los ayuntamientos de &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_5" onclick="BLOG_clickHandler(this)"&gt;Marbella&lt;/span&gt; y &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_6" onclick="BLOG_clickHandler(this)"&gt;Telde&lt;/span&gt;, que han salido en serie, vete tú a saber por qué. &lt;span class="blsp-spelling-corrected" id="SPELLING_ERROR_7"&gt;Así&lt;/span&gt;, a la hora de dormir a pierna suelta, literalmente, claro, se &lt;span class="blsp-spelling-corrected" id="SPELLING_ERROR_8"&gt;sufrirían&lt;/span&gt; esguinces o roturas de ligamentos, que siempre resultan más vistosas al tratarse de lesiones dignas de futbolistas, no como el dichoso reflujo &lt;span class="blsp-spelling-corrected" id="SPELLING_ERROR_9"&gt;gástrico&lt;/span&gt;, que acaba &lt;span class="blsp-spelling-corrected" id="SPELLING_ERROR_10"&gt;provocándote&lt;/span&gt; una amigdalitis de &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_11" onclick="BLOG_clickHandler(this)"&gt;Tarzán&lt;/span&gt; de cuidado, como si una cosa tuviera que ver con otra mas &lt;span class="blsp-spelling-corrected" id="SPELLING_ERROR_12"&gt;allá&lt;/span&gt; de las dichosas &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_13" onclick="BLOG_clickHandler(this)"&gt;bombillitas&lt;/span&gt; de unas fiestas de las que lo mejor que puede decirse es que las hemos sobrevivido. En serio.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9184330781086865972-3342900342675096868?l=jotapunto.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://jotapunto.blogspot.com/feeds/3342900342675096868/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9184330781086865972&amp;postID=3342900342675096868&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9184330781086865972/posts/default/3342900342675096868'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9184330781086865972/posts/default/3342900342675096868'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://jotapunto.blogspot.com/2007/01/pierna-suelta.html' title='A pierna suelta'/><author><name>jotapunto</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06761732964167918998</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry></feed>
